Islas
Tenerife desde La Gomera
El blog de Beatriz Fariña
El que no inventa no vive. Ana María Matute (premio Cervantes).
domingo, 4 de septiembre de 2011
Saludable
Dejó de fumar, dejó de beber, se dio de baja en el casino y comenzó a hacer dieta. Con el tiempo dejó de ver la tele. Se fue quitando de todo lo que consideraba decadente y pernicioso para la salud del cuerpo y del alma. Ahora realmente ha logrado ser el más sano de todo el cementerio.
sábado, 20 de agosto de 2011
El baile (publicado en Diario de Avisos el 15/07/11)
Encerró la última cabra en el corral, se desvistió y se lavó en la palangana con el jabón que había comprado esa mañana. Se vistió a toda prisa, el pantalón olía a naftalina y la camisa le quedaba estrecha, el chaleco disimulaba el botón a punto de reventar. Guardó en una talega los zapatos y se echó a andar sendero abajo, por fin, sudoroso llegó a las afueras del pueblo, se quitó las alpargatas y las guardó entre los matorrales. A paso tranquilo y notando la presión de los zapatos llegó a la plaza, la orquesta comenzaba a tocar.
lunes, 8 de agosto de 2011
Reflejo de luna
Salió tras la montaña, estaba llena, llena y poderosa, mientras caminaba me seguía. Me asomé a la baranda y vi el río repleto de plata y al final un arcoiris.
domingo, 24 de julio de 2011
La vida de color ....
No siempre fue su vida así, hubo una época en que vagaba en busca de un trabajo, de un amor, de un techo. Todo era gris. Vagó y vagó hasta que cayó al frío río que la despertó. A partir de entonces todo lo ve color rosa.
domingo, 17 de julio de 2011
En Bijagos (y II)
Al cruzar hasta el barco a algunos les cubre el agua por el ombligo y a otros por el pecho, pero no hay corriente y logramos llegar todos a un pequeño islote emergido donde yace nuestra majestuosa Mathilde-Claire escorada. Posteriormente logramos enterarnos del porqué de las prisas del guía, existía la posibilidad de que algún cocodrilo degustara alguno de los “sabrosos” turistas que pasábamos por el manglar y por el río.
Entre todos logramos enderezar la embarcación apoyándola sobre palos que llevaba el patrón. Una vez acabado ésto Jonás da el grito de “ostras”, y efectivamente, nos lanzamos a arrancarlas del suelo rocoso que las acogía para degustarlas tal cual, crudas y sin limón.
La situación es: es de noche, comemos arroz con pescado (decidimos darle una prórroga a la gallina) dentro del barco mientras esperamos a que la marea suba y seguir el viaje, Martín sigue con fiebre, tenemos los dedos cortados de atacarles a las ostras sin herramientas; notamos un vaivén, el patrón grita y nos ordena ubicarnos a estribor, raudos pero sin soltar el plato lo hacemos, el equilibrio es precario, nos vamos distribuyendo hasta notar que se mueve todo menos. Aumentamos el ritmo de deglución y nos preparamos para lo que venga. El agua arrastra todos los apoyos de un lado y cae sobre él, volvemos a contrapesar entre risitas histéricas este desequilibrio, de manera increíble el agua va haciendo flotar la Mathilde-Claire sin que zozobremos. Comenzamos a navegar.
El cielo está lleno de estrellas que iluminan nuestras caras. El ayudante del patrón hunde en la proa una vara para comprobar la profundidad, del agua nace una luminiscencia que nos hace a todos asomarnos por la borda, es como un milagro. Al mover el agua sale luz (efecto de las aguas muy ricas en microorganismos).
Nuestro largo día finaliza cuando llegamos a la isla de Orango, un grupo de pescadores senegaleses nos acoge con asombro y cordialidad. El fuerte olor a pescado intentando salarse hace que algunos de nosotros decidamos montar la mosquitera cerca de la orilla, la presencia del mar abierto refrescó la noche y a pesar de los constantes paseos de los senegaleses para ver a las brancas, logramos dormir.
Entre todos logramos enderezar la embarcación apoyándola sobre palos que llevaba el patrón. Una vez acabado ésto Jonás da el grito de “ostras”, y efectivamente, nos lanzamos a arrancarlas del suelo rocoso que las acogía para degustarlas tal cual, crudas y sin limón.
La situación es: es de noche, comemos arroz con pescado (decidimos darle una prórroga a la gallina) dentro del barco mientras esperamos a que la marea suba y seguir el viaje, Martín sigue con fiebre, tenemos los dedos cortados de atacarles a las ostras sin herramientas; notamos un vaivén, el patrón grita y nos ordena ubicarnos a estribor, raudos pero sin soltar el plato lo hacemos, el equilibrio es precario, nos vamos distribuyendo hasta notar que se mueve todo menos. Aumentamos el ritmo de deglución y nos preparamos para lo que venga. El agua arrastra todos los apoyos de un lado y cae sobre él, volvemos a contrapesar entre risitas histéricas este desequilibrio, de manera increíble el agua va haciendo flotar la Mathilde-Claire sin que zozobremos. Comenzamos a navegar.
El cielo está lleno de estrellas que iluminan nuestras caras. El ayudante del patrón hunde en la proa una vara para comprobar la profundidad, del agua nace una luminiscencia que nos hace a todos asomarnos por la borda, es como un milagro. Al mover el agua sale luz (efecto de las aguas muy ricas en microorganismos).
Nuestro largo día finaliza cuando llegamos a la isla de Orango, un grupo de pescadores senegaleses nos acoge con asombro y cordialidad. El fuerte olor a pescado intentando salarse hace que algunos de nosotros decidamos montar la mosquitera cerca de la orilla, la presencia del mar abierto refrescó la noche y a pesar de los constantes paseos de los senegaleses para ver a las brancas, logramos dormir.
jueves, 30 de junio de 2011
En Bijagos (I). continuará....
El cielo está lleno de estrellas que iluminan nuestras caras.
El viaje de Bubaque a Canhabaque, aunque placentero, fue muy duro por el calor, una vez en la isla visitamos varias tabancas (poblados) para comprar comida, lo único que logramos fue una mísera gallina a la que tuvimos que perseguir para su captura, ¡lo que corre una gallina cuando se lo propone!. Esta falta de abastecimiento es habitual en las Bijagos, una serie de islas pobladas por familias que viven de manera autosuficiente de los productos que cultivan, complementándolos con productos del delta: marisco y pescado. No existía, además, un transporte regular que los comunicara con Bubaque, la isla principal.
De esa guisa, hambrientos, agotados del calor y transportando por turnos nuestra gallina viva (por lo de mantenerla fresca, claro) atravesamos de nuevo el manglar hasta la orilla para subir a nuestro barco.
Una vez en la playa tenemos una visión sorprendente, la Mathilde Claire, nuestra embarcación, está en medio del río. Les hacemos señales a los tripulantes desde la orilla. Nelson, nuestro guía, se acerca por otra parte de la costa que se aproxima más a la nave. Nosotros, felices, nos bañamos con los niños en la orilla, son las 5 y media y los mosquitos empiezan a aparecer, para protegernos nos llenamos de lodo, los niños se ríen, especialmente de Martín que con su delgadez y altura, lleno de barro, les debe parecer como un cocotero con patas y ojos. Él no se ríe....., tiene fiebre.
Por fin llegan las explicaciones, al bajar la marea el patrón no se atrevió a acercarse mucho a la orilla y ahora estaba encallado allí en medio, a una distancia que cualquiera que supiera nadar franquearía sin problema. Pero el guía no lo permite y prefiere que andemos hasta la punta más próxima. Nosotros, como auténticos “aventureros” que éramos, comenzamos a caminar por el manglar cada vez más infestado de mosquitos (ojo, que es zona de malaria) sin podernos quitar el calzado para protegernos de las hirientes ramas bajo el fango. Nuestros pies eran succionados por el lodo mantecoso y de olor penetrante. Nelson miraba nervioso al agua de la orilla y nos metía prisa, Jonás, que iba de los primeros, de repente se hunde un poco más, al pararse todos aprovechamos para, apoyándonos en él, pasar esa zona conflictiva. Una vez ya todos en el agua vemos que logra zafar los pies sin botas y meter el brazo para sacarlas: toda una proeza. (Continuará ......)
El viaje de Bubaque a Canhabaque, aunque placentero, fue muy duro por el calor, una vez en la isla visitamos varias tabancas (poblados) para comprar comida, lo único que logramos fue una mísera gallina a la que tuvimos que perseguir para su captura, ¡lo que corre una gallina cuando se lo propone!. Esta falta de abastecimiento es habitual en las Bijagos, una serie de islas pobladas por familias que viven de manera autosuficiente de los productos que cultivan, complementándolos con productos del delta: marisco y pescado. No existía, además, un transporte regular que los comunicara con Bubaque, la isla principal.
De esa guisa, hambrientos, agotados del calor y transportando por turnos nuestra gallina viva (por lo de mantenerla fresca, claro) atravesamos de nuevo el manglar hasta la orilla para subir a nuestro barco.
Una vez en la playa tenemos una visión sorprendente, la Mathilde Claire, nuestra embarcación, está en medio del río. Les hacemos señales a los tripulantes desde la orilla. Nelson, nuestro guía, se acerca por otra parte de la costa que se aproxima más a la nave. Nosotros, felices, nos bañamos con los niños en la orilla, son las 5 y media y los mosquitos empiezan a aparecer, para protegernos nos llenamos de lodo, los niños se ríen, especialmente de Martín que con su delgadez y altura, lleno de barro, les debe parecer como un cocotero con patas y ojos. Él no se ríe....., tiene fiebre.
Por fin llegan las explicaciones, al bajar la marea el patrón no se atrevió a acercarse mucho a la orilla y ahora estaba encallado allí en medio, a una distancia que cualquiera que supiera nadar franquearía sin problema. Pero el guía no lo permite y prefiere que andemos hasta la punta más próxima. Nosotros, como auténticos “aventureros” que éramos, comenzamos a caminar por el manglar cada vez más infestado de mosquitos (ojo, que es zona de malaria) sin podernos quitar el calzado para protegernos de las hirientes ramas bajo el fango. Nuestros pies eran succionados por el lodo mantecoso y de olor penetrante. Nelson miraba nervioso al agua de la orilla y nos metía prisa, Jonás, que iba de los primeros, de repente se hunde un poco más, al pararse todos aprovechamos para, apoyándonos en él, pasar esa zona conflictiva. Una vez ya todos en el agua vemos que logra zafar los pies sin botas y meter el brazo para sacarlas: toda una proeza. (Continuará ......)
domingo, 19 de junio de 2011
Querétaro*
Andando por la orilla de la playa las vi, por los senderos de la selva las vi, también en las paredes de la cabaña donde sesteaba en las horas de calor, tras los muros del bar donde servían bebidas a los sones del calipso más caliente, también ahí las vi, de un azul turquesa igual que el cielo que refleja el mar del trópico.
* la palabra elegida por los internautas como la más bella del idioma castellano, su significado es: la isla de las salamandras azules.
* la palabra elegida por los internautas como la más bella del idioma castellano, su significado es: la isla de las salamandras azules.
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