La ola arrasó la cubierta, el barco dio un bandazo hacia estribor coincidiendo con que, apoyado sobre la barandilla hacía una foto, en pocos segundos me encontraba rodeado de agua, justo saqué la cabeza en la estela, no reaccioné hasta un rato después en que comencé a agitar los brazos y gritar, tenían que verme.
Como un tonto miraba la popa del barco delante de mí, nadar hacia él me parecía absurdo, tenían que darse cuenta, alguien habría gritado ¡hombre al agua!. Pasaron los minutos, me quité la camiseta y la agité.
Repasé, ¿qué se hace en esta situación?, nada, no sabía qué hacer, siempre se quedan los náufragos en un bote, sobre una madera o aparecen inconscientes varados en la arena de una isla desierta.
Sólo me quedaba flotar y esperar, quizás quedarme cerca de la estela por si volvían atrás, pero ¿qué estela?, había desaparecido.
El agua no es fría en esta zona, el barco no es un trasatlántico, seguro que en algún momento alguien me echará en falta y volverán en mi busca, sí, pero quién, viajo sólo y no sé cuánto falta para llegar a la isla. El barco no está lejos, ¿cuánto tiempo habrá pasado?.
Delante de mí a escasos metros salta un pez volador, pulveriza el agua de tal manera que durante una fracción de segundo surge un arco iris. Esta visión me hace sonreír, qué pena que no crea en los milagros.
Floto boca arriba con los brazos estirados, no, no es buena idea. Debo estar más visible por si...
Parece que se ha parado, parece que gira.... es cierto gira.
Ya veo la proa, pero... están muy lejos, no me verán. Debo hacerme ver.... !dios¡, van muy despacio....
no me ven.!Qué alegría¡, sobre la cubierta varios marineros agitan un salvavidas.
Ya llegan, lo lanzan y logro nadar hasta él, lo alcanzo y me sujeto fuertemente. Estoy salvado. Muy cerca de mi salta un pez volador, durante un breve instante surge un arco iris.
Islas
Tenerife desde La Gomera
El blog de Beatriz Fariña
El que no inventa no vive. Ana María Matute (premio Cervantes).
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sábado, 15 de septiembre de 2012
lunes, 3 de octubre de 2011
compañero de viaje
Era un poco frío en el trato y algo inexpresivo. Como compañero de viaje resultaba a veces incómodo, sobre todo si te tocaba sentarte a su lado en el estrecho asiento trasero del furgón. Decidimos dejarle que nos acompañara, no sólo porque no está bien discriminar a nadie y menos por no ser humano, sino porque a su lado nuestros móviles siempre tenían cobertura. Otra cosa, con él las chicas nunca tuvimos problemas para compartir caseta, y además no roncaba.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Saludable
Dejó de fumar, dejó de beber, se dio de baja en el casino y comenzó a hacer dieta. Con el tiempo dejó de ver la tele. Se fue quitando de todo lo que consideraba decadente y pernicioso para la salud del cuerpo y del alma. Ahora realmente ha logrado ser el más sano de todo el cementerio.
domingo, 19 de junio de 2011
Querétaro*
Andando por la orilla de la playa las vi, por los senderos de la selva las vi, también en las paredes de la cabaña donde sesteaba en las horas de calor, tras los muros del bar donde servían bebidas a los sones del calipso más caliente, también ahí las vi, de un azul turquesa igual que el cielo que refleja el mar del trópico.
* la palabra elegida por los internautas como la más bella del idioma castellano, su significado es: la isla de las salamandras azules.
* la palabra elegida por los internautas como la más bella del idioma castellano, su significado es: la isla de las salamandras azules.
domingo, 8 de mayo de 2011
el hombre de negro
Cuando aquel hombre de negro (ya no utiliza guadaña, está pasada de moda) se me acercó y me dijo:
- te vienes conmigo.
Tenían yo aun muchas cosas que hacer, y mira que era guapo y atractivo, sí atractivo a pesar de un cierto aire siniestro. Tenía yo la tarde creativa y quería cocinar una cenita especial e imaginativa. Además al día siguiente había quedado con unos amigos para arreglar la huerta. Eso y un montón de planes para los siguientes días, semanas, meses, etc.
Así que le tuve que decir que no, que se esperase. Yo seguí a lo mío, tosí con fuerza, que había leído en internet que era bueno en esas situaciones. Tosí y pensé en lo rica que me iban a quedar las cigalas a la plancha con la salsa que estaba batiendo. Así que no le quedó otra que irse, y mira que era guapo.
- te vienes conmigo.
Tenían yo aun muchas cosas que hacer, y mira que era guapo y atractivo, sí atractivo a pesar de un cierto aire siniestro. Tenía yo la tarde creativa y quería cocinar una cenita especial e imaginativa. Además al día siguiente había quedado con unos amigos para arreglar la huerta. Eso y un montón de planes para los siguientes días, semanas, meses, etc.
Así que le tuve que decir que no, que se esperase. Yo seguí a lo mío, tosí con fuerza, que había leído en internet que era bueno en esas situaciones. Tosí y pensé en lo rica que me iban a quedar las cigalas a la plancha con la salsa que estaba batiendo. Así que no le quedó otra que irse, y mira que era guapo.
martes, 31 de agosto de 2010
ventolera
El cartel de cerveza se agita con un chirrido agudo acompañado del ulular del viento entrando por las ventanas. En la radio del coche han avisado de fuertes vientos. Paré en el primer bar de carretera que encontré ante las violentas ráfagas que habían sacudido mi coche. Sería cuestión de pasar allí lo peor del temporal. Al entrar me sorprendió lo cochambroso del lugar, en un extremo de la barra tres individuos mal encarados me miran desde el otro extremo de la desgastada superficie de la barra. Sus vasos están vacíos y, dado el vidrio que se trasluce en sus miradas, deben haber contenido unos buenos lingotazos. En la pared, tras ellos, luce un calendario sin hojas de un año del siglo pasado. Me acerco a la barra y pido una cerveza, un anciano de calva brillante me lo sirve con sonrisa postiza. Pido algo de comer, sólo hay manises. Pues a comer manises, están blandos, a tono con el bar.
Las horas pasan y yo me he apuntado al club de los ojos vidriosos, ya no presto atención al zumbido del viento ni al chirriar del anuncio. Realmente no los oigo, me levanto algo mareado y miro por la polvorienta ventana, ya pasó el vendaval. Pago en la barra, me despido, tropiezo con un perro que está tumbado cerca de la puerta, ni lo había visto. Por fin llego al coche, abro la puerta y al sentarme me planteo, ¿ conduzco o me echo una cabezadita ?.
Las horas pasan y yo me he apuntado al club de los ojos vidriosos, ya no presto atención al zumbido del viento ni al chirriar del anuncio. Realmente no los oigo, me levanto algo mareado y miro por la polvorienta ventana, ya pasó el vendaval. Pago en la barra, me despido, tropiezo con un perro que está tumbado cerca de la puerta, ni lo había visto. Por fin llego al coche, abro la puerta y al sentarme me planteo, ¿ conduzco o me echo una cabezadita ?.
sábado, 21 de agosto de 2010
Tom y .....
Tom me olisqueó por detrás, como no tenía ganas le saqué un poco los dientes y se fue. Me eché en el socavón que había estado preparando toda la mañana, estaba fresco. El pesado de Tom volvió, pero esta vez sólo se recostó a mi lado. Al rato oímos un ruido en la parte delantera y fuimos a mirar, era el cartero. Le dediqué un ladrido en “tono medio” especial para empleados municipales y demás, me miró algo serio y se fue después de dejar algo en el buzón. Mi compañero había estado moviendo el rabo con mirada desconsolada, era capaz de cualquier cosa a cambio de una caricia. Esta vez elegí como echadero un lugar cerca del muro lateral, estaba dando el sol y se estaba bien. Ambos estiramos las orejas, el sonido iba aumentando gradualmente hasta que ya resultaba hiriente. Tom comenzó a aullar son su mejor tono lastimero, me hacía gracia verlo como estiraba el cuello alargando la u final. Antes también me conmovían las sirenas, ahora ya estoy acostumbrada.
Volvió la tranquilidad y con ella las moscas, es lo malo del calor, a mi me gusta espantarlas a mordidas.
Ahora una vibración conocida se iba acercando, al rato llegaron los dueños en su coche. Al bajarse de él les ladramos en nuestro “tono de recibimiento” alegre y algo acuciante, yo lo adorno con ciertas modulaciones para que entiendan que sabemos que llevan mucho tiempo fuera. Abren la puerta de la casa y a pesar de nuestro bloqueo “quiero entrar” nos dejan fuera. Ahora nos acostamos en nuestras alfombrillas por fuera de la puerta. Los sonidos del interior nos van indicando la actividad de la familia: cocinan, comen, duermen ....
Por la tarde habrá paseo y a la noche la cena, tremenda vida la de los perros.
martes, 29 de junio de 2010
Un libro
Abrió la tapa dura, se apoyó un poco sobre ella y comenzó en la segunda página, siempre es bueno dejar al menos la primera en blanco. Eran las diez de la mañana, los niños estaban en la escuela, Carmen en la Universidad y la losa fregada. A las once y media se levantó, fue al baño cogió un plátano y al acabar abrió la libreta por donde estaba metido el bolígrafo y siguió.
A las 2 se levantó y almorzó ligero y sólo. Siguió escribiendo, se levantaba cada media hora para evitar el sueño.
Llegó Carmen con los niños y al oírlos paró la escritura. Hablaron un rato y en cuanto pudo se volvió a sentar, no le importaba que sus tres hijos revolotearan a su alrededor, él seguía a lo suyo. Su mujer curioseó por encima de su hombro pero lo dejó tranquilo.
Al día siguiente fue una reproducción exacta del primero y así hasta el viernes. Se levantó de la silla a media mañana, se estiró y con el cuaderno en sus brazos dijo en voz alta: acabé.
Se puso a las tareas de la casa y cuando llegó Carmen para comer con él la recibió con alegría en la cara.
-Ya terminé, dijo levantando los brazos como hacían sus hijos al meter un gol en la consola.
-Pues es estupendo.
-Sí, lo siento no podía parar, lo tenía todo aquí y no quería que se me fuera. Mañana comienzo a arreglar los papeles del paro y a buscar trabajo y llevo yo a los niños a la escuela y todo eso.
-Bueno será el lunes, mañana haremos otras cosas, le dijo mientras le abrazaba.
-Huy¡ sí, mejor.
-Pero tu crees que está acabado, acabado?
-No, claro, ahora falta, revisar, organizar, transcribir y un montón de cosas más. Pero yo ya he escrito mi libro.
El lunes, Carmen y Víctor se levantaron para comenzar la faena, llamaron a los críos, Víctor, con una voz desde el baño y la madre , cama por cama dándoles un beso y llenando el cuarto de luz.
Tras el desayuno-contienda se subieron juntos en el coche y salieron hacia la escuela. Cuando él acabó las entregas se fue a su antiguo trabajo a recoger los papeles. No había estado nada bien la manera en que lo habían echado, le estaba subiendo el resquemor del día del despido. Acabó rápido y al salir se acordó de dejar “el resquemor” dentro. Se concentró en su libro, lo recordó, en la gaveta al lado de las herramientas de escribir.
miércoles, 23 de junio de 2010
Kevin
María tuvo que pedir permiso en el supermercado, de nuevo la llamaron del instituto de Kevin.
- Mire, que su hijo es "disruptivo" ......
María, recibió la palabra como una bofetada, empezó a notar cómo se le ponían rojas las orejas y dejó de oir al tutor. Kevin estaba a su lado, con la cabeza agachada y tocando con la punta del tenis las rayas de las baldosas del suelo.
- .... ya en el primer trimestre le hemos puesto dos partes y ....
María intentó calmarse y escuchar lo que ese hombre de gafas con cristales gruesos le decía.
Se acordó de que hoy tenía que quedarse un rato más en el trabajo, que tenían inventario, con las prisas ni se había quitado la chapa con su nombre. Seguía intentando concentrarse.
Veinte minutos después salió del instituto tirando de la manga del chiquillo, que miraba hacia atrás triunfante, lo habían expulsado. Ya en la escuela era algo desinquieto, pero ahora en el instituto, no sabía ella qué pasaba que no hacían más que llamarla porque se portaba mal, parece que no atendía en clase y se dedicaba a entretener a los compañeros, jugar con el móvil, lanzar papelitos y eso. Debía ser cuestión de hormonas o yo qué sé, se decía ella para sus adentros.
Una vez en casa le dijo que estaba castigado sin ver la tele y sin salir con los amigos. Salió dando un portazo y aceleró por la calle para llegar pronto.
Le tocaba estar en la caja hasta las 12, habló con el encargado y metió la llavita para activar la caja. Pasó la primera una señora con dos carros llenos hasta arriba, cuando llevaba una tercera parte de la compra facturada sonó el politono de regaeton que anunciaba que le llamaba el niño, se tensó e intentó seguir pasando los productos. Tendría que haber apagado el cacharro, ¿ y ahorá qué le pasa al chiquillo?.
Agarró el datáfono y se lo puso en la oreja, el móvil seguía sonando. Menos mal que la señora estaba a lo suyo entullando la cinta con su compra y no se daba cuenta. Logró colocarse el teléfono (esta vez sí) entre la oreja y el hombro mientras seguía pasando la compra, miró a su compañera en la otra caja que le echaba una mirada compasiva.
- maaaa,
- qué pasa Kevin, que estoy trabajando
- qué dónde me metiste la “play”, que no la encuentro, me abbburrrrro
María sintió que el corazón se le aceleraba y que un calor se le alojaba en el pecho.
- ¡¡ Kevin, por dios ¡¡, tócale a la abuela y dile que te deje cogerla, que está sobre el armario del fondo.
Colgó y le dirigió una sonrisa de disculpa a la clienta, que ya había acabado de colocar toda su compra a modo de torre amenazante.
- Es mi hijo, que salió “disruptivo” como su padre.
- Mire, que su hijo es "disruptivo" ......
María, recibió la palabra como una bofetada, empezó a notar cómo se le ponían rojas las orejas y dejó de oir al tutor. Kevin estaba a su lado, con la cabeza agachada y tocando con la punta del tenis las rayas de las baldosas del suelo.
- .... ya en el primer trimestre le hemos puesto dos partes y ....
María intentó calmarse y escuchar lo que ese hombre de gafas con cristales gruesos le decía.
Se acordó de que hoy tenía que quedarse un rato más en el trabajo, que tenían inventario, con las prisas ni se había quitado la chapa con su nombre. Seguía intentando concentrarse.
Veinte minutos después salió del instituto tirando de la manga del chiquillo, que miraba hacia atrás triunfante, lo habían expulsado. Ya en la escuela era algo desinquieto, pero ahora en el instituto, no sabía ella qué pasaba que no hacían más que llamarla porque se portaba mal, parece que no atendía en clase y se dedicaba a entretener a los compañeros, jugar con el móvil, lanzar papelitos y eso. Debía ser cuestión de hormonas o yo qué sé, se decía ella para sus adentros.
Una vez en casa le dijo que estaba castigado sin ver la tele y sin salir con los amigos. Salió dando un portazo y aceleró por la calle para llegar pronto.
Le tocaba estar en la caja hasta las 12, habló con el encargado y metió la llavita para activar la caja. Pasó la primera una señora con dos carros llenos hasta arriba, cuando llevaba una tercera parte de la compra facturada sonó el politono de regaeton que anunciaba que le llamaba el niño, se tensó e intentó seguir pasando los productos. Tendría que haber apagado el cacharro, ¿ y ahorá qué le pasa al chiquillo?.
Agarró el datáfono y se lo puso en la oreja, el móvil seguía sonando. Menos mal que la señora estaba a lo suyo entullando la cinta con su compra y no se daba cuenta. Logró colocarse el teléfono (esta vez sí) entre la oreja y el hombro mientras seguía pasando la compra, miró a su compañera en la otra caja que le echaba una mirada compasiva.
- maaaa,
- qué pasa Kevin, que estoy trabajando
- qué dónde me metiste la “play”, que no la encuentro, me abbburrrrro
María sintió que el corazón se le aceleraba y que un calor se le alojaba en el pecho.
- ¡¡ Kevin, por dios ¡¡, tócale a la abuela y dile que te deje cogerla, que está sobre el armario del fondo.
Colgó y le dirigió una sonrisa de disculpa a la clienta, que ya había acabado de colocar toda su compra a modo de torre amenazante.
- Es mi hijo, que salió “disruptivo” como su padre.
miércoles, 9 de junio de 2010
La domadora
La domadora de elefantes entró en aquel antro de música dura y atmósfera cargada, su pelo largo, pantalones ajustados, chaqueta de cuero y botas altas hacían juego con el lugar. Estaba agotada de la larga jornada, con dos pases muy intensos por ser el último día. Hubo llenazo, los chiquillos gritaban frenéticos y Tom, el elefante, estaba ese día especialmente irritable, tuvo que imponerse varias veces para que supiera quién era la que mandaba. Para colmo los manifestantes ecologistas también tuvieron jornada intensiva y no pararon con sus gritos y arengas. Sólo tenía ganas de tomar unas copas y olvidarse. Tras el segundo ron a pelo, echó un vistazo al ganado, el único tipo interesante era aquel del final de la barra con una cerveza en la mano que bailaba flojito. Bueno al menos bailaba, que ya era algo. Tenía un aspecto vagamente intelectual y un cuidado desarreglo, de esos que te dan ganas de colocarle bien la camiseta. Tras el siguiente ron empezó a imaginarse como sería quitarle la camiseta, lo miraba pero él no parecía ponerle asunto, no como el resto de babosos empleados de banca con chaleco de cuero y llavero de Harley. Comenzó a sonar “walk on the wild side” y él pareció emocionarse moviendo la cabeza, esa canción a ella también le gustaba. Comprobó que su chaqueta no oliera a elefante y se decidió.
Aquella amazona salvaje se me acercó cuando estaba en lo mejor de mi ensimismamiento, sacándome bruscamente de él, se acodó a mi lado con su bebida en la mano, rozando suavemente mi brazo. Me miró y me sonrió, con la sonrisa apareció una dulzura oculta que no había percibido cuando la miraba de lejos. No dijo nada y se quedó mirando con decisión, le dije hola y seguí con mi meneo. Cuando acabó el tema me dijo que a ella también le gustaba. Me dí la vuelta hacia la barra para pedir otra bebida para ambos y comprobé que era tan alta como yo, y sin tacones. Así, de cerca me fijé en sus pechos que hasta ahora habían permanecido ocultos por la chaqueta, apoyé los brazos en la barra tensando los músculos. Era tan tarde que la música comenzó a ser más lenta e íntima, hablamos de música y dando sorbitos a la cerveza fui quedando prendado de su atracción, movía las manos de una manera especial, como si manejara algún tipo de batuta o herramienta. Aretha Franklin nos hizo juntar los cuerpo y bailar, luego todos los temas fueron envolventes, no pudiendo separar ya nuestros cuerpos.
Apagaron la música y tuvimos que salir al frío de la noche, ella iba bien abrigada y yo en camiseta así que tuve que disimular el frío para no parecer blandengue. Le dije de tomar la última en casa, que era cerca. No sabía de qué hablar, intuí que no era de la ciudad y la llevé por la parte más bonita y se lo dije. Le gustaba pero no la deje entretenerse mirando por miedo a empezar a castañetear los dientes, ella se dio cuenta y me calentó las manos en su cuerpo, dándonos un absurdo abrazo calefactor que me hizo desear aun más llegar a casa. Allí, directamente nos abalanzamos a besarnos con desesperación, como si hiciéramos algo prohibido.
El lado derecho de la cama amaneció vacío, me vestí y bajé a desayunar, no quería estar sólo en la casa. El bar de la plaza estaba a tope, debería ser tarde, ojeé la prensa y vi la noticia de la concentración donde había pasado la tarde, frente a la carpa del circo. Poco más había de novedad.
Con el alma algo rehecha gracias al jugo y el bocadillo, torcí por la primera calle a la derecha y la vi, lucía potente y avasalladora sobre aquel elefante de porte magnífico. El cartel anunciaba la última actuación.
Aquella amazona salvaje se me acercó cuando estaba en lo mejor de mi ensimismamiento, sacándome bruscamente de él, se acodó a mi lado con su bebida en la mano, rozando suavemente mi brazo. Me miró y me sonrió, con la sonrisa apareció una dulzura oculta que no había percibido cuando la miraba de lejos. No dijo nada y se quedó mirando con decisión, le dije hola y seguí con mi meneo. Cuando acabó el tema me dijo que a ella también le gustaba. Me dí la vuelta hacia la barra para pedir otra bebida para ambos y comprobé que era tan alta como yo, y sin tacones. Así, de cerca me fijé en sus pechos que hasta ahora habían permanecido ocultos por la chaqueta, apoyé los brazos en la barra tensando los músculos. Era tan tarde que la música comenzó a ser más lenta e íntima, hablamos de música y dando sorbitos a la cerveza fui quedando prendado de su atracción, movía las manos de una manera especial, como si manejara algún tipo de batuta o herramienta. Aretha Franklin nos hizo juntar los cuerpo y bailar, luego todos los temas fueron envolventes, no pudiendo separar ya nuestros cuerpos.
Apagaron la música y tuvimos que salir al frío de la noche, ella iba bien abrigada y yo en camiseta así que tuve que disimular el frío para no parecer blandengue. Le dije de tomar la última en casa, que era cerca. No sabía de qué hablar, intuí que no era de la ciudad y la llevé por la parte más bonita y se lo dije. Le gustaba pero no la deje entretenerse mirando por miedo a empezar a castañetear los dientes, ella se dio cuenta y me calentó las manos en su cuerpo, dándonos un absurdo abrazo calefactor que me hizo desear aun más llegar a casa. Allí, directamente nos abalanzamos a besarnos con desesperación, como si hiciéramos algo prohibido.
El lado derecho de la cama amaneció vacío, me vestí y bajé a desayunar, no quería estar sólo en la casa. El bar de la plaza estaba a tope, debería ser tarde, ojeé la prensa y vi la noticia de la concentración donde había pasado la tarde, frente a la carpa del circo. Poco más había de novedad.
Con el alma algo rehecha gracias al jugo y el bocadillo, torcí por la primera calle a la derecha y la vi, lucía potente y avasalladora sobre aquel elefante de porte magnífico. El cartel anunciaba la última actuación.
viernes, 28 de mayo de 2010
organo femenino
62 pasos de pasillo, 124 ida y vuelta, cinco consultas, dos salas de espera, más de ochenta seres humanos ocupándolas. Nos une a su mayoría el género, a algunas la preocupación y a otras la ilusión. Unos pocos de los ocupantes de las salas portan el gen XY, uno de estos (aún sin edad) nos entretenía con sus carreritas y gracias. El resto de los de ese género soportaba la espera con cara de aburrimiento. Para pasar el rato me entretengo observando.
Allí estaba, paseando como yo. De una elegancia y prestancia que denotaba su buena cuna, era como la Roger Federer del lugar, con cara de no haber pasado hambre en su vida (yo tampoco pero lo disimulo más), su vestimenta "casual" complementada con detalles étnicos remarcaban aún más la finura de su estilo. Aun vistiendo su ropa yo parecería su chacha .... En ese momento llegó otra chica, con bata de médico y se fueron juntas, se me acabó el entretenimiento. Por la afónica megafonía nos van llamando por el nombre, dos horas de pasillo después, extrañada de que no me llamen pregunto. Dicen que lo han hecho 200 veces (qué exagerado es el personal sanitario), así que con humildad comento que he estado todo el rato muy cerca. La doctora, una vez dentro, vuelve a comentarme que me había llamado, lo único que se me ocurre decir es: "también me revisaré los oídos".
Allí estaba, paseando como yo. De una elegancia y prestancia que denotaba su buena cuna, era como la Roger Federer del lugar, con cara de no haber pasado hambre en su vida (yo tampoco pero lo disimulo más), su vestimenta "casual" complementada con detalles étnicos remarcaban aún más la finura de su estilo. Aun vistiendo su ropa yo parecería su chacha .... En ese momento llegó otra chica, con bata de médico y se fueron juntas, se me acabó el entretenimiento. Por la afónica megafonía nos van llamando por el nombre, dos horas de pasillo después, extrañada de que no me llamen pregunto. Dicen que lo han hecho 200 veces (qué exagerado es el personal sanitario), así que con humildad comento que he estado todo el rato muy cerca. La doctora, una vez dentro, vuelve a comentarme que me había llamado, lo único que se me ocurre decir es: "también me revisaré los oídos".
jueves, 6 de mayo de 2010
las tomateras
Ella vive en un caserío alejado de un pueblo alejado del sur profundo. Cuando se casó empezó viviendo en una casa-cueva, luego al nacer los hijos fueron construyendo cuartitos pegados a esa vivienda. Luego algunos de sus hijos, ya mayores, han seguido arrimando cuartitos al de sus padres. A pesar de tener tantos chicos siempre trabajó en los tomates. Tempranito estaba cada día en el cruce entre la pista que llegaba a su casa y la carretera, se subía al camión y seguían recogiendo mujeres por varios caseríos. Comenzaban a trabajar antes de salir el sol y acababan un chorro de horas después. A pesar del madrugón, del frío, del calor y la dureza del trabajo a ella le gustaba ir a la finca a cortar tomates o a deshijar. Era habitual oírla cantando sonriente muy tapada con la típica falda sobre el pantalón y la sombrera calada. Hace unos años que se jubiló y mirando por la ventana mientras friega la losa echa de menos muchas cosas de aquella época: las fiestas del fin de zafra, la conversación con las chicas, incluso aquel licor que les daba el encargado los días de frío y lluvia.
sábado, 17 de abril de 2010
el tacón en .....
Digo yo que esto también le pasará a las chicas de dentadura perfecta y modales refinados.
viernes, 16 de abril de 2010
ventana
Quizás en verano.
jueves, 1 de abril de 2010
"Ni perrito que me ladre"
A sus 70 años, cuando algún hombre la miraba ella recibía esa mirada como un halago. Siempre andaba por la calle muy derecha y segura de sí misma. Nunca perdió el interés por arreglarse y estar guapa. Siempre fue importante "el que dirán" como ella decía. Eso la hacía estar siempre de "buen" semblante y "ver". Aquella mañana, al igual que muchas otras se bajó de su taxi en el centro y se dirigió a la tienda donde habitualmente se compraba su tinte caoba, color elegido ya desde hace años por considerarlo "favorecedor". Toñi, la dependienta, la saludó afectuosamente, la conocía hacía años y aquella señora le resultaba simpática. Solían hablar un buen rato de cosas del día a día.
Con su bote de tinte en el bolso se dirigió hacia el bar Callao, en la barra pidió un cortadito y comentó que iba al servicio. Nunca lo hacía sin pedir algo en el establecimiento, lo contrario le parecía de "carotas". Tras la barra había un camarero nuevo que le sirvió el cortado algo claro, al ponerlo en la barra se rebosó mojando el sobre de azúcar. Ella le quitó importancia y se lo bebió a sorbitos mientras comentaba algo que salía en la tele. Por la calle se encontró con una señora que conocía de cuando ésta vendía en la recova, hablaron un rato hasta que a ambas les empezaron a doler los callos, siguieron cada una su camino. Ya la mañana había corrido lo suficiente como para volver a casa. Como no quería gastar más "perras" fue a la parada a coger la guagua. Conocía al conductor que le tocó, siempre echaban una parrafada antes de sentarse. Dió "una cabezadita" entre las 8 paradas que la separaban de la suya y medio asustada se levantó a tocar el timbre. Bajó algo torpemente, porque las piernas estaban pesadas del rato que llevaba sentada. Ahora le restaba un recorrido de unos quince minutos hasta su piso de la barriada. Tardó casi el doble porque saludó a Carmita que, alongada en la ventana, veía "cómo pasaba el tiempo".
Una vez en el hogar se cambió totalmente para ponerse ropa de "dentrocasa", abrió todas las ventanas y encendió la tele. La miró con ojos adormilados, se dijo: voy a "escabezar un sueñito" antes de comer, qué prisa hay ?.
Con su bote de tinte en el bolso se dirigió hacia el bar Callao, en la barra pidió un cortadito y comentó que iba al servicio. Nunca lo hacía sin pedir algo en el establecimiento, lo contrario le parecía de "carotas". Tras la barra había un camarero nuevo que le sirvió el cortado algo claro, al ponerlo en la barra se rebosó mojando el sobre de azúcar. Ella le quitó importancia y se lo bebió a sorbitos mientras comentaba algo que salía en la tele. Por la calle se encontró con una señora que conocía de cuando ésta vendía en la recova, hablaron un rato hasta que a ambas les empezaron a doler los callos, siguieron cada una su camino. Ya la mañana había corrido lo suficiente como para volver a casa. Como no quería gastar más "perras" fue a la parada a coger la guagua. Conocía al conductor que le tocó, siempre echaban una parrafada antes de sentarse. Dió "una cabezadita" entre las 8 paradas que la separaban de la suya y medio asustada se levantó a tocar el timbre. Bajó algo torpemente, porque las piernas estaban pesadas del rato que llevaba sentada. Ahora le restaba un recorrido de unos quince minutos hasta su piso de la barriada. Tardó casi el doble porque saludó a Carmita que, alongada en la ventana, veía "cómo pasaba el tiempo".
Una vez en el hogar se cambió totalmente para ponerse ropa de "dentrocasa", abrió todas las ventanas y encendió la tele. La miró con ojos adormilados, se dijo: voy a "escabezar un sueñito" antes de comer, qué prisa hay ?.
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