Islas

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Tenerife desde La Gomera

El blog de Beatriz Fariña

El que no inventa no vive. Ana María Matute (premio Cervantes).



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martes, 7 de septiembre de 2010

en vuelo

Un río de color verde, a modo de sinuosa serpiente se dibuja sobre el paisaje tapizado de un mosaico de cultivos. Esta visión del país que sobrevuelo me hace rememorar viajes del pasado, aventuras por territorios polvorientos sobre camellos de incómodos andares. Al contrario, yo viajo sobre una velocísima nave desde la que escribo, en un moderno aunque minúsculo ordenador. Ahora bajo mí se extiende un mar de algodonosas nubes, podrían aparecer ángeles y un dios tocando con su dedo a su hijo para cederle dones divinos. Delante de mí, otro padre y otro hijo visionan en su consola una ruidosa película de aventuras, también estarán adquiriendo algún tipo de don. Dejé atrás un aeropuerto, una estación de tren, una de autobuses y un taxi, todo para llegar a mi casa, los escenarios se han ido reemplazando sin  notarlo, ya casi no recuerdo como eran, con esa uniformidad que tienen todos los lugares que albergan gente de paso. A veces pienso si los aeropuertos no serán realmente embajadas de un mismo país sin nombre, ni bandera, ni idioma común, pero con algo que les hace idénticos. Si te duermes profundamente en uno, al abrir los ojos, durante un rato no sabes realmente dónde estás, tan sólo reconoces que es en un aeropuerto.

lunes, 26 de julio de 2010

Hilos

Los hilos que tejemos con nuestros semejantes son de distinto grosor y tipo. Con nuestra familia primaria, padres y hermanos, son gruesos como maromas, a veces algo pesados pero nos dan sustento. El de la madre irradia a todos nuestros órganos con un vínculo biológico muy potente. El de nuestro padre está más cercano al cerebro y esta lleno de escamas que saltan cuando nos rebelamos un poco, pero se nos adhieren a la piel. Los hilos a nuestros hermanos son de diferentes colores pero todos del mismo grosor y calidad. Luego, con la vida vamos tejiendo hilos diferentes, primeros unos de seda muy finos con nuestros primeros amigos, luego van siendo nuevos hilos algo más flexibles porque los amigos a veces vienen y van. Con algunos de estos nos empeñamos en tejer desde los dos extremos y conseguimos un grosor considerable tiñéndolos de distintos colores y añadiéndoles abalorios que penden de ellos. Al elegir pareja el hilo adquiere algo de rigidez porque solemos colgar muchos trastos, a veces nos sacudimos para que caigan unos pocos y poder disfrutar más de esa unión. Algunos elegimos tejer un hilo especial, de los de las entrañas, con un ser que nace de nosotros, y nos metemos en una de las relaciones más complicadas y enriquecedoras que hay en la vida. Cuando se alarga, porque hay que dejarles juego, se lleva un poco de nosotros. Y tenemos que saber vivir que esa holgura sin que se nos vaya la vida detrás.
Vivimos inmersos en una maraña de hilos, ¡ qué suerte ¡.

sábado, 5 de junio de 2010

Domingos

Aunque preferiría estar censando gorilas en los montes Virunga, los domingos que me quedo en casa espero con ilusión el momento de rellenar el autodefinido del periódico. Elijo para esto un rotulador rojo exclusivo, que escribe sin apenas apretar, me recuesto y me concentro. Realmente lo hago como homenaje a mi padre que toda la vida disfrutó rellenando crucigramas, a mi me gusta desde hace poco. 
Aunque preferiría trampear uromastyxs en Mauritania, los domingos que me levanto en casa sin prisa, agarro mi carro de la compra y me voy a la recova, todos sabemos que es más caro que el súper, lo hago porque me gusta esa alegría que invade el recinto, que parece que regalan la comida. Me gusta la música pachanga que pone el señor que vende, de toda la vida cassetes y novelitas del oeste. Me gusta comprarle unos churros al señor de pelo cano, cadenas de oro al cuello y uña del meñique gigante y amenazadora.
Aunque preferiría descender el Amazonas en piragua, los domingos que estamos en casa todos, me gusta preparar un conejito al estilo doña Teresa, con su salsa de almendras y asadura, con unas papitas negras de acompañamiento.
Pues eso, que me gusta disfrutar también con las pequeñas cosas.

lunes, 31 de mayo de 2010

Bohemia jazz

El cafe más interesante que conozco me lo descubrió mi hija, parece mentira tan jovencita y la de cosas que conoce.
En sus paredes cuelgan todas esas fotos que los mitómanos amantes del jazz y del cine clásico almacenamos en un archivador polvoriento o en nuestra memoria. Librerías con ejemplares inamovibles separan las estancias a modo de tabiques literarios.  Tres pianos, uno de ellos de cola, rellenan de manera explendida el interior algo oscuro, el moviliario se complementa (además de con las mesas) con algunos muebles antiguos y una "jukebox" vacía de sonidos. Un pianista septuagenario engrana temas clásicos, de esos que forman parte de la banda sonora de cualquier adulto aficionado a estos temas. A pesar de estar lleno esa noche, se podía hablar. El pianista interpretaba sus temas sin que nadie le hiciera mucho caso, tras unos aplausos solitarios el hombre se fue irguiendo y tocando con más virtuosismo, a pesar de sus manos de nudillos inflamados.
No sé si por la música, el ambiente, la compañía o por todo, pasamos un rato de esos que recuerdas, por lo menos hasta que se te pase el colocón.

viernes, 14 de mayo de 2010

Encadenados

Lazos fuertes, cadenas que nos atan. Difícil diferenciarlos, se usa la expresión “cadenas” cuando es algo que nos ata, nos subyuga.  Decimos, me une un fuerte “lazo” a alguien cuando esa unión es afectiva y nos sujeta, nos da apoyo.  Sin embargo la visión de un eslabón gigante arrimado por el mar a la orilla evoca imágenes marineras, de aventura, románticas incluso.

martes, 11 de mayo de 2010

tuneado interior

Nada más entrar al taxi sentí que pasaba a otra dimensión, bajó un poco el volumen de la radio para oir la dirección y lo volvió a subir, cantaba Adamo.  No faltaba detalle, hacía años que no coincidía con un taxi así, el de la peli de Almodovar no tenía nada que envidiarle. La moderna emisora con el GPS se encontraba incrustada en una funda de escay de la que sobresalía un tejadito para evitar el reflejo. Del espejo retrovisor pendían diferentes elementos de colores brillantes entre los que destacaba un ojo de la suerte turco (ese cristal azul y blanco tan bonito). La sección de santos y vírgenes estaba alojada por encima de la luz interior, ensamblada de una manera milagrosa, destacaba un “retrato” en blanco y negro de Cristo. Una serie de figuritas variadas hacían equilibrios sobre el salpicadero que además estaba salpicado (verbo lógico en este sitio) de calcomanías de estrellas de distintos diseños, y cada mando tenía adherido un minibotón de colores variados. No todo era abalorio decorativo, tras ambos asientos delanteros había una serie de bolsillos de los que asomaban todo tipo de tarjetas de diferentes negocios y alguna que otra estampita de santo.
Por su edad tuve dudas sobre la propiedad del vehículo, podía ser un empleado y el auténtico “artista de lo kich” estar en casita repantingado frente a la tele. Cuando llegué a mi destino, comenzó a sonar en la radio Ráfaga, él bajó el volumen para informarme del importe y al subir de nuevo el volumen, me dí cuenta de que era él, el auténtico.

viernes, 30 de abril de 2010

desde abajo

Cierta particularidad de mi anatomía (espero que pasajera) me hace viajar en posición horizontal, es decir para recorridos de cierta distancia me acomodo en la parte trasera del vehículo y me echo de la manera que pueda. Esto hace que la visión del paisaje mientras me desplazo sea, digamos, algo distinta. Las nubes, las copas de los árboles, las partes altas de los edificios, los picos de las montañas, han cobrado protagonismo. Aunque sea fugazmente, observo el azul del cielo con esas nubes deshilachadas de los vientos de altura, o los balcones con la ropa de los niños tendidas al sol. Claro, el tema de conversación con el conductor se complica un poco porque no compartimos la misma visión y mi postura es dada al ensimismamiento o incluso al ensueño.
En fin, como experiencia, y si uno no se marea, puedo recomendar que se pruebe.

martes, 13 de abril de 2010

El camino de tierra

Muy cerca de mi casa hay un pequeño sendero de tierra de unos 80 metros de largo que, a modo de atajo, une la carretera con la calle. Lo usan a diario los chicos del instituto, se ha quedado bastante oculto entre el muro del edificio y la vegetación del borde de la carretera, de tal manera que además de ser lugar de tránsito es usado como "desahogo" de ciertas necesidades. Por eso todos los que pasamos por él vamos, inconscientemente supongo, buscando novedades entre los elementos que conforman el paisaje del camino. Botellas de refresco, de cerveza, bolsas de hielo (ya vacías, claro), la caja del happy meal, los preservativos de colores, el papel casi blanco que adorna el contenido intestinal de un sufrido taxista con apretón, y toda esa serie de adminículos que el ser humano tiene por costumbre dejar como prueba de su estancia en el lugar. Como ven el atajo es de lo más útil.

domingo, 11 de abril de 2010

Olores de siempre

El olor del café, ¡cuántos recuerdos nos traen a la mente¡. Aún no siendo muy aficionada a su sabor admito que me gusta prepararlo tan sólo por sentir su aroma, muy asociado a imágenes de la infancia. No cabe duda, que las maquinitas del George Clooney por rico que preparen el café y "buenorro" que esté el muchacho, no podrán igualar la experiencia olfativa de la que estamos hablando.

domingo, 28 de marzo de 2010

Cosas del W.C.



El tamaño de un relato de retrete está relacionado, como no puede ser de otra forma, con el tiempo que pase uno sentado en él. Hay gente que suele leer revistillas, cómics o su libro de cabecera (en ese caso ya no es tan de cabecera claro), otros van al asunto y fuera. Yo soy más bien lentilla y a veces ojeo algo y la gran mayoría invento historias. Desde hace un tiempo y gracias a ciertas bayas que tomo, estoy más ligerilla, con lo que sólo me salen microrelatos. Pero no cabe duda que andar ligera en estos menesteres revierte en, digamos, la frescura del relato, por lo tanto pierden en extensión pero ganan por otro lado.