Islas
Tenerife desde La Gomera
El blog de Beatriz Fariña
El que no inventa no vive. Ana María Matute (premio Cervantes).
martes, 13 de abril de 2010
El camino de tierra
domingo, 11 de abril de 2010
Olores de siempre
sábado, 10 de abril de 2010
El burrito surfista
aquellos días en el islote fueron maravillosos, el grupo funcionó muy bien y cada uno aprendió del resto de los compañeros gracias a lo distinto que éramos. Para mi fue la persona más alucinante, rompía todos los estereotipos de un chico criado en la Garita. Su capacidad de adaptación y la vena artística le daban un aire bohemio. A pesar de su juventud tiene el don del relato, la historia de su trabajo como lavacoches fue memorable. Un saludo Lechu.
jueves, 8 de abril de 2010
Arte al aire libre
Cuando vi "esto" en el exterior del Guggenheim de Bilbao me dí cuenta de lo artista que es mi pueblo. Cosas parecidas a esta he visto yo en muchos barrancos y descampados de las islas. Nunca lo había valorado como tal. Incluso algunos de estos "artistas" se esmeran y plasman sus obras en pleno espacio natural.
martes, 6 de abril de 2010
La playa y la infancia
Algunos domingos de verano mi padre llamaba al taxi de Duranza para que nos recogiera, era un Peugeot negro tipo "rubia". No cabíamos todos, los mayores iban en guagua o algunas veces no iban precisamente por que eran ya mayores. Mi madre llevaba, además del caldero de arroz amarillo, una caseta hecha con sacos de azúcar que ella había descosido y luego montado. Quedaba curiosa con esos sellos rojos sobre la lona blanca que decían "azucarera española". Pasábamos el día entero, por la tarde venía de nuevo el taxi y regresábamos a casa ensalitrados y con arena en todos los pliegues de nuestro cuerpo. Recuerdo que íbamos cuando la playa era natural y también luego cuando estaba en obras para convertirse en una playa rubia. Era entonces una playa mucho más incómoda porque habían desaparecido los callaos pero lo pasábamos igual de bien.jueves, 1 de abril de 2010
"Ni perrito que me ladre"
A sus 70 años, cuando algún hombre la miraba ella recibía esa mirada como un halago. Siempre andaba por la calle muy derecha y segura de sí misma. Nunca perdió el interés por arreglarse y estar guapa. Siempre fue importante "el que dirán" como ella decía. Eso la hacía estar siempre de "buen" semblante y "ver". Aquella mañana, al igual que muchas otras se bajó de su taxi en el centro y se dirigió a la tienda donde habitualmente se compraba su tinte caoba, color elegido ya desde hace años por considerarlo "favorecedor". Toñi, la dependienta, la saludó afectuosamente, la conocía hacía años y aquella señora le resultaba simpática. Solían hablar un buen rato de cosas del día a día.
Con su bote de tinte en el bolso se dirigió hacia el bar Callao, en la barra pidió un cortadito y comentó que iba al servicio. Nunca lo hacía sin pedir algo en el establecimiento, lo contrario le parecía de "carotas". Tras la barra había un camarero nuevo que le sirvió el cortado algo claro, al ponerlo en la barra se rebosó mojando el sobre de azúcar. Ella le quitó importancia y se lo bebió a sorbitos mientras comentaba algo que salía en la tele. Por la calle se encontró con una señora que conocía de cuando ésta vendía en la recova, hablaron un rato hasta que a ambas les empezaron a doler los callos, siguieron cada una su camino. Ya la mañana había corrido lo suficiente como para volver a casa. Como no quería gastar más "perras" fue a la parada a coger la guagua. Conocía al conductor que le tocó, siempre echaban una parrafada antes de sentarse. Dió "una cabezadita" entre las 8 paradas que la separaban de la suya y medio asustada se levantó a tocar el timbre. Bajó algo torpemente, porque las piernas estaban pesadas del rato que llevaba sentada. Ahora le restaba un recorrido de unos quince minutos hasta su piso de la barriada. Tardó casi el doble porque saludó a Carmita que, alongada en la ventana, veía "cómo pasaba el tiempo".
Una vez en el hogar se cambió totalmente para ponerse ropa de "dentrocasa", abrió todas las ventanas y encendió la tele. La miró con ojos adormilados, se dijo: voy a "escabezar un sueñito" antes de comer, qué prisa hay ?.
Con su bote de tinte en el bolso se dirigió hacia el bar Callao, en la barra pidió un cortadito y comentó que iba al servicio. Nunca lo hacía sin pedir algo en el establecimiento, lo contrario le parecía de "carotas". Tras la barra había un camarero nuevo que le sirvió el cortado algo claro, al ponerlo en la barra se rebosó mojando el sobre de azúcar. Ella le quitó importancia y se lo bebió a sorbitos mientras comentaba algo que salía en la tele. Por la calle se encontró con una señora que conocía de cuando ésta vendía en la recova, hablaron un rato hasta que a ambas les empezaron a doler los callos, siguieron cada una su camino. Ya la mañana había corrido lo suficiente como para volver a casa. Como no quería gastar más "perras" fue a la parada a coger la guagua. Conocía al conductor que le tocó, siempre echaban una parrafada antes de sentarse. Dió "una cabezadita" entre las 8 paradas que la separaban de la suya y medio asustada se levantó a tocar el timbre. Bajó algo torpemente, porque las piernas estaban pesadas del rato que llevaba sentada. Ahora le restaba un recorrido de unos quince minutos hasta su piso de la barriada. Tardó casi el doble porque saludó a Carmita que, alongada en la ventana, veía "cómo pasaba el tiempo".
Una vez en el hogar se cambió totalmente para ponerse ropa de "dentrocasa", abrió todas las ventanas y encendió la tele. La miró con ojos adormilados, se dijo: voy a "escabezar un sueñito" antes de comer, qué prisa hay ?.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)