Islas

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Tenerife desde La Gomera

El blog de Beatriz Fariña

El que no inventa no vive. Ana María Matute (premio Cervantes).



domingo, 15 de abril de 2012

Julita


Julita pasaba de largo los 50, laboriosa y servil eran adjetivos que acarreaba con orgullo. Gran parte de esa vida la había dedicado al denodado trabajo en la misma empresa. Cuando comenzó el “proceso” a ella no se le inmutó ni una pestaña, siguió con su mismo ritmo de trabajo sin hacer caso a los actos que sus “compañeros” perpetraban a modo de resistencia. No dudó en su fidelidad a la dirección, no le tembló la voz cuando respondió a preguntas comprometidas sobre las actividades de sus “colegas”.
Julita ni por un instante sospechó el contenido de aquel telegrama, recibido el domingo por la tarde.

viernes, 30 de marzo de 2012

PAJAREROS



Horas recorriendo charcas, horas bajo una lona a la espera de la mejor pose, horas caminado bajo el sol para anotar los que cantan o se mueven, horas detrás de una lente, horas de pasión atávica y onanista de cazadores de instantes.
Y después, horas de charla con una cerveza en la mano: yo lo ví.
Héroes incomprendidos de la conservación.
¿Conoces alguno?.

sábado, 28 de enero de 2012

Viajando (y II)

- Pues responder, no creo que sea el lobo.
Bajaron un poco el cristal y Leo asomó unos dedos diciendo:
- Buenas noches, ¿qué desea? - la contestación le resultó ridícula dada la situación climatológica -.
- Necesito refugiarme - dijo una voz que salía del interior de un impermeable amarillo que chorreaba -
- Ana, que este dice que quiere entrar, ¿qué hacemos?.
- No sé, ¿qué pinta tiene?.
- Pues mira tu, no se le ve nada, parece guiri.
Ana se asomó un poco y cerrando de nuevo dijo.
- Podemos dejarlo pasar, así nos entretenemos un poco.
Leo la miró con cara de asombro y se asomó de nuevo, ¿qué problema tiene?,- le preguntó al extraño-.
- ¿espikinglish?. -pregunto el guiri-.
- Oh yes! – contestó Ana desde dentro, -abriendo la puerta para que pasara-.
- Muchas gracias, es que estoy empapado y no encuentro dónde refugiarme para pasar la noche (le contestó en un inglés con fuerte acento).
Se quitó la gabardina, sacudiéndola fuera del furgón entró y se acomodó a un lado, traía una mochila y las botas embarradas. Se presentó
- Hola, me llamo Konrad, gracias por permitirme entrar.
- Yo me llamo Ana y ella es Leo, ¿juegas a las cartas?.
Konrad, no contestó, empezó a buscar dentro del bolsillo de la mochila bajo la atenta mirada de ambas, por fin sacó un frontal, se lo colocó y dijo:
- De acuerdo, ¿cómo es el juego?.
Ana se deshizo en explicaciones ante la mirada atónita de su amiga, nunca la había visto hablar con tanta soltura en inglés. Jugaron durante mucho rato, el extranjero era listo y aprendía rápido.

- Despierta Ana. Que el guiri se ha ido.
- Ehh, déjame dormir, ¿qué pasa?.
- Konrad, que no está, despierta que igual nos ha robado.
- Pero qué tontería dices, - Ana se incorporó sobresaltada-.
La velada fue larga, acabaron compartiendo unas galletas, que era lo único que tenían en ese momento. No paró de llover en toda la noche, así que tuvieron que acomodarse los tres de cualquier manera para dormir.
- Si ya te decía yo que no fue buena idea dejarlo entrar, -decía Leo mientras rebuscaba por la furgoneta.
- ¡Oye!, que tú no protestaste y bien que te reíste jugando los tres, anda no me digas que no es guapo el alemanito.
En ese momento, oyeron como tocaban en la puerta trasera, se miraron extrañadas.
- ¿Quién puede ser, qué hora es? -preguntó Leo-.
- no sé, no encuentro el reloj, abre ya.
- Por favor, abran que me estoy quemando – comentó desde fuera Konrad -
Leo abrió y se encontraron al extranjero con un cartucho en una mano y tres vasos de plástico en la otra.
- Traigo chocolate y “chugosss” para el desayuno.
Ana y Leo rompieron a reír mirándose.
- Pero, ¿qué pasa?, dijo el guiri.
- ¡Anda entra!, que vas a aprender a pronunciar "churro" como es debido.

miércoles, 11 de enero de 2012

viajando (I)

- Pero vamos, súbete de una vez al coche que nos vamos.
- Ya vooooy, que se me quedan las gafas.
- Gafas, gafas ¡¡¡, para qué las quieres si se va a hacer de noche...
- Pero qué refunfuñona si son las 10 de la mañana, exageradaaaa.
Por fin arrancaron, atrás quedaban largos días de preparativos del viaje de sus vidas, poco más dejaban atrás, ambas sin trabajo y colgado en el corazón el cartel de “libre”, planearon una escapadita en furgoneta para recorrer la parte del país que no conocían, es decir … todo.
Al rato Leo se relajó, le dedicó una sonrisa a Ana y empujó el cd dentro de la ranura, a los primeros acordes Ana identificó el tema.
- ¡Anda!, has preparado una selección para el viaje, ¡qué ilusión!, de esas canciones para ir cantando con la melena al viento en el descapotable.
- Efectivamente, pero habrá que sacar la cabeza por la ventanilla de la furgoneta.
- Volaaaare oh oh .... ¡qué retro!, ¿toda es así? -dijo riéndose-


14 vueltas al cd después y bajo una tormenta de campeonato jugaban al cinquillo a la espera de que amainara para salir a dar una vuelta por el pueblo.
- Oye y ¿ dónde dices qué estamos ? - preguntó Ana mientras enfocaba con el frontal a las cartas -.
- En “matalascabrillasdearriba”.
- Pues vaya un nombre raro, debe ser en León o por ahí que le ponen esos nombres a los pueblos.
- No tengo ni idea del nombre del pueblo, Ana, llovía mucho cuando entramos y no leí el cartel. Me extrañaría que estuviéramos allá arriba, porque salimos de Murcia y tiramos para el sur.
- Vale, vale, ya sabes que lo mío no es la geografía.
- Ya, ni la geografía, ni la cocina, ni limpiar, ni jugar a las cartas. ¡Venga!, concéntrate y juega.
En ese momento alguien tocó en la ventana y dijo en un castellano desastroso:
- buenas noches, ¿hay alguien?.
Leo dió un salto del susto y ambas se miraron asustadas.
- ¿Qué hacemos? -pregunto Ana, hablando bajito-.

(continuará)

sábado, 10 de diciembre de 2011

Breves no tan breves: El hombre de negro - Beatriz Fariña

Breves no tan breves: El hombre de negro - Beatriz Fariña

La mancha

- Qué tal va la cosa, ¿se mueve?.
- Pues sí, hoy está animadito. ¿Ves esa espuma que sale a veces?
- Sí, sí que se ve. A ver si sale de una vez y volvemos a la normalidad.
Esa tarde se había reunido un buen grupo de vecinos en la punta de la avenida, algunos turistas miraban con prismáticos hacia la zona que burbujeaba dando un color canelo al centro de la gran mancha verde. El mar estaba especialmente calmado y la ausencia de nubes hacía presagiar un bonito atardecer. Los niños correteaban alrededor de sus madres riendo con sus juegos. Era el tema, el único. La “crisis volcánica” como decían los políticos, tenía al pueblo alterado, alterado y deprimido, tantos negocios cerrados, la pesca paralizadas, las evacuaciones, los terremotos.

Juan era vulcanólogo, jamás había visto un volcán activo, todo lo había estudiado en los libros, cuando lo llamaron aquella tarde y le dijeron que se tenía que ir a la isla para seguir de cerca la actividad volcánica no se lo podía creer, serían turnos muy largos y tediosos, sabían que había empezado pero no cuándo acabaría, que la naturaleza es caprichosa y no se rige por leyes humanas, así y todo se sintió el hombre más feliz de la tierra, empaquetó lo necesario y salió para el aeropuerto.
Un mes después seguía feliz y además, cansado, efectivamente aquello era duro, los horarios fueron peores de lo  que se suponía en un principio, la improvisación era la tónica general y lo que se tenía previsto para el día siguiente, cambiaba según se comportara el volcán, a veces un desalojo repentino, otras un emisión de material inesperada, un seismo.....Aquello era una locura, una locura maravillosa y anárquica.
Esa tarde estaba libre, se pasó por la avenida, le gustaba oir los comentarios de los vecinos, a veces tan inocentes con respecto al caprichosos volcán. Ya no le acribillaban a preguntas, sabían que la ignorancia era el principal motor de la ciencia y que todos estaban aprendiendo. Miró a la mancha, en ese momento empezó a subir una masa blanca.
- mira, mira ¡¡¡
- ohhh, qué bonito
- tooomaaa, que guapo¡
Juan lo observó sin decir nada, siempre lo había visto en el monitor desde el “cuartel general de los científicos”, era maravilloso, los bloques saltaban varios metros sobre la superficie con un chorro de vapor a modo de geisher. Luego aguantaban un rato sobre la superficie y se hundían, efectivamente la actividad era mayor que en otras ocasiones, sintió una emoción fuera de lo normal, le picaban los ojos …. una chica que estaba a su lado le miró sonriente.
- Verdad qué es bonito?
Pues sí, mucho....- le contestó algo aturdido por el momento de debilidad -.
- Hola, me llamo Clara, mis padres me han dicho que eres uno de los científicos.
- Bueno, trabajo en el centro de vigilancia volcanológica.
- Yo creo que una cosa tan bonita tiene que ser buena, buena para todos, pero ellos están enfadados con la situación ….verdad que esto será bueno ¡¡¡¡.
Juan no sabía qué contestar, la parecía una chica tan candorosa e inocente que no quería decepcionarla, se dejó llevar por el corazón y contestó.
- Estoy seguro, será bueno.
Todos siguieron mirando al horizonte, el vapor blanco seguía orlando el centro de la enorme mancha, mientras el sol se fue ocultando en un hermoso atardecer.