Islas

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Tenerife desde La Gomera

El blog de Beatriz Fariña

El que no inventa no vive. Ana María Matute (premio Cervantes).



jueves, 30 de diciembre de 2010

La primera vez (cuento de navidad)

Mario, estaba nervioso, era su primera vez. Se duchó, se perfumó y se afeitó cuidadosamente. Salió a la calle, aun era temprano, paseó viendo los escaparates y fijándose en los niños de la mano de sus padres. Le gustaba el ambiente que había en las calles. La tarde caía, pronto encenderían las luces y todo se llenaría de magia.
Al entrar se identificó y una amable chica lo acompañó hasta una sala amplia donde había mucha gente joven preparando paquetes. La chica lo presentó y todos le miraron con simpatía.
Mario cargó las bolsas en las alforjas y salió a la calle detrás de todos los demás. Notó el frío de la noche en la cara, se oía un murmullo potente, le sudaban las manos.
Bueno, súbete ya, que esto empieza.
Mario se subió y se agarró con fuerza a la silla. Con un balanceo hacia delante se levantó. El ruido de la multitud se iba acercando al aproximarse al portalón. Nada más salir los gritos de los niños aumentaron, Mario notó como se le ponía un nudo en la garganta y le subía un calor intenso a los ojos.
Los caramelos, no te olvides. Le comentó uno de los chicos que le acompañaba.
Metió la mano en las alforjas y lanzó un puñado de caramelos.

¡¡ Baltasar, Baltasar!! gritaban todos los niños.

Aquella fue una de las mejores cabalgatas de los últimos años, de las pocas en que Baltasar era realmente negro ….. y muy guapo.

domingo, 19 de diciembre de 2010

la pisci .....

Brazo derecho: entra, empuja hacia atrás, roza el muslo. Brazo izquierdo: dedos juntos, entra la mano en ángulo al agua....
caray qué semanita, parece que no llega nunca el viernes
brazo derecho, dentro del agua describe una ese y empuja hacia afuera para impulsar más, sacar la cabeza para respirar al lado izquierdo...
nada de trabajo, concéntrate.
las piernas bien estiradas, movimientos rápidos, abdominales contraídos, suelo pélvico activo ….
plátanos, pepinos, pimientos, tomates ....
dos respiraciones dentro, una fuera, la cabeza cada vez a un lado distinto, el aire sale despacio por la nariz …
!coñó¡ qué manotazo me dio el de la calle de al lado
no doblar las rodillas, estirar bien los pies ..
!mierda¡ todavía me duele el esguince, hay que ver lo que duran las lesiones cuando se cumplen años
ahora 200 de espalda, el brazo sale con la palma hacia arriba y gira la mano para entrar con el canto a la vez que el otro brazo sale...
bubangos, aguacates, zanahorias …
meter bien los abdominales para que no se hunda el culo,
!córcholis¡ que no he pagado la clase de pilates....
banderolas, giro y doy tres brazadas a crawl hasta la pared
aceite, café, azucar....
el brazo pasa tocando la oreja y dentro del agua pega la mano al cuerpo para desplazar más agua, brazo derecho, brazo izquierdo ….
!cáspitas¡, que no pedí hora para fisioterapia
los pies deben hacer espuma en la superficie, que no se me hundan ….
¡jopé! Un calambre ….
200 de braza: sincronizar piernas y brazos, respiración …
y mañana qué hago de comer?
Hundir sólo lo justo la cabeza, no bucear....
!hostia¡ mañana tengo que llevar el coche a cambiar el aceite …..
meter ombligo para compensar lumbares ….
Apoyando las manos en el borde, uno dos y fuera …..
!jolín¡ qué tío más bueno está entrando ahora que salgo yo

sábado, 11 de diciembre de 2010

autorretrato

Un amigo “poli” me dijo una vez que a los delincuentes se les conoce por sus zapatos, de ese tema en concreto no puedo opinar, supongo que él lo sabe por experiencia. Pero sí que es cierto que nuestro calzado revela mucho de como somos. He aquí mi autorretrato. Negadita como he sido siempre al tacón, mis últimas peripecias físicas (ciática impertinente desde hace tiempo) me han llevado a profundizar aun más, en el calzado práctico. Ya no me atengo ni al consabido zapato bajo de señora, directamente me he pasado al calzado cómodo, tipo chola con calcetín (como el que se muestra) o cerrado todoterreno. Es lo que hay ¡¡¡.

sábado, 4 de diciembre de 2010

el pintor

Si te toca trabajar un domingo, al menos hazlo con alegría. Eso fue lo que pensó Manolo cuando sonó el despertador a las seis de la mañana. Se vistió rápido y pilló algo de fruta para el camino, agarró el transistor que le había regalado el banco por abrir una cuenta y se subió al furgón. Le había salido un trabajito latoso pero bien pagado, pintar las verjas de los balcones de una casa de ricos. Tal cual estaba la cosa no era cuestión de hacerle ascos. A la una tenía la primera comunión de su ahijado y las verjas eran de esas de mucho caracolillo, así que empezó temprano. Aparcó por donde pudo, cargó la escalera y silbando se fue hacia la casa en cuestión. Le abrió la empleada y le dio los materiales. A las siete en punto Manolo ya estaba subido a la escalera con su musiquita y la brocha cargada de pintura antióxido. A las 10 de la mañana y con dolor de muñeca tan sólo había logrado pintar dos balcones, a ese ritmo no acabaría a buena hora para llegar a la iglesia, ni siquiera con el mono de pintor. Subió la música y aceleró el ritmo. Acabó el tercero y se bajó para cambiar la escalera, al moverla el transistor se soltó del gancho y calló con estrépito a la calle. Manolo lo miró, estaba hecho añicos, las pilas por un lado, el altavoz por otro, las perillas rodando calle abajo. Miró a las verjas que faltaban, recogió los restos del aparato y tocó en la puerta.
La empleada le preguntó.
- ¿Ya acabaste?.
- Pues no, pero me tengo que ir. Le dices a los señores que el domingo que viene termino, que yo sin música no trabajo.
La empleada lo miró extrañada esperando una explicación. Con la misma, Manolo cogió la escalera y la bolsa con el cadáver del transistor y enfiló a la furgoneta.

Efectivamente, si te toca trabajar un domingo, al menos hazlo con alegría.

sábado, 13 de noviembre de 2010

la maestra

Con la “seño” aprendemos canciones bonitas, a pintar, a recortar y a hacer el regalito del día del padre o de la madre. En otoño llevamos castañas y frutas de la época para comer todos juntos. A veces nos lleva de excursión al parque o al museo, vamos por la calle cogidos a una cuerda para no perdernos. Ayer la “seño” nos puso una suma en la pizarra y se sentó en su silla, apoyó la cabeza sobre sus brazos y se quedó así mucho rato. Sonó el timbre del recreo pero ella no se movió, yo miré a Javi y él levantó los hombros, miré a María que siempre era muy decidida y se levantó para llamarla. Ya toda la clase estaba con la bolsa del desayuno en la mano para salir, ella no se movía. Don Andrés el maestro de los grandes tocó en la puerta y entró, puso una cara muy seria al verla, la llamó y entonces nos dijo que saliéramos al recreo, lo dijo con la voz entrecortada.
Mi madre dice que mi maestra se puso muy malita y que ya no volverá a la escuela, ahora tenemos otra “seño” muy joven que también nos lleva de excursión.

"Sirva de homenaje a todos los que dedican su vida a enseñar a otros. Auténticos héroes anónimos no reconocidos por la sociedad actual."

jueves, 4 de noviembre de 2010

Luna


Fue la luna la culpable, yo no quería hacerlo. Me desperté aquella noche de un sobresalto, noté una presión en el pecho y me levanté sin saber hacia dónde dirigirme. Fui al salón, nada. Fui al baño, nada, salí a la terraza y nada. En la cocina fue donde percibí su presencia. Cerré la puerta tras de mí y agarré lo primero que encontré. Separando la nevera logré que saliera, de un certero escobazo lo maté. No puedo olvidar su imagen aplastado en el cubo de la basura.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Venecia (y II) segunda parte del post Venecia

Lo mejor era quedarse un buen rato y luego salir, esperaba que no le descubrieran. Ahora empezaba a oír algo así como un cuchicheo, luego aumentó y se convirtió claramente en un jadeo, un jadeo a dos voces. No podía ser verdad, estaba oyendo a una pareja en pleno acto sexual. ¿Y la puerta abierta?. Habrían entrado juntos y en el forcejeo amoroso no cerraron. Bueno será cuestión de salir que igual acaban y se ….
Ahora escuchaba pasos por la escalera, alguien subía, ¡por dios que siga al otro piso!.
Su única reacción fue cerrar la puerta y así ganar algo de tiempo.
- ¡Marchelo!, viene mi marido, rápido, la ventana.
Oyó claramente la voz de la mujer y luego todo sucedió vertiginosamente.
Un hombre muy alto y en camisilla entró abriendo con la llave, llevaba una gorra y era la viva imagen del italiano visceral de miles de películas neorrealistas. Al encender la luz y encontrarse con el fugitivo, su reacción fue de sorpresa violenta. Cerró de un portazo y lo miró ceñudo.
- ¿Qué haces aquí mamarracho?.
- Es un error ….
No tuvo tiempo de decir nada más, un puño de hierro se estrelló contra su cara, cayó al suelo y siguió rogando.
- Está equivocado ...yo...
- ¡Renatta!, ahora cuando acabe con éste voy a por ti -. Gritó mientras volvía a levantarlo para continuar con la zurra.
- Rocco, ¿qué pasa? -. La mujer se asomó con el gorro de ducha en la cabeza, no podía creer lo que estaba viendo.
- No te hagas la boba y prepárate.
El intruso ya no lograba articular palabra, el marido engañado abrió la puerta y lo lanzó por las escaleras. Tonino rodó escaleras abajo. En cuanto se detuvo se agarró de la baranda y se levantó. Le dolía todo y le costaba respirar. Sin verse en un espejo sabía que estaba irreconocible. Una idea se impuso en su mente, tenía que salir de allí.
Una vez en la calle volvió a notar el olor dulzón del canal, fue dando pasos y se fue enderezando. Logró llegar a la plazoleta acordada, se derrumbó en un banco y notó como un suave sopor se iba adueñando de él, la última imagen que pasó por su cabeza fue la de la cara de sorpresa de la esposa infiel. Sonrió y cerró los ojos.

viernes, 15 de octubre de 2010

pura química

Yo nunca me he enterado mucho con eso de los cambios hormonales, no porque no los haya tenido sino por lo despistada que siempre he sido para eso. Es cierto que somos pura química, sé de gente que ha estado llorando meses sin saber porqué, simplemente su cuerpo se desequilibró hormonalmente y le dio una depre de caballo o de yegua, que parece que las tías somos más sensibles a estas cosas. Imagino que es el precio que pagamos por ser máquinas de fabricar seres humanos, no lo digo como algo negativo, al contrario es estupendo ser mujer, yo, a pesar de mi natural misoginia (ya superada) estoy encantada con tener una hija e incluso ya tengo amigas ¡¡¡¡, y aunque me identifico más con los hombres, por fin he aprendido a comprendernos. Pues a colación de todo esto de las hormonas comentar esta “graciosa” etapa por la que está pasando mi cuerpo. Que si insomnio, que si no puedes ver las noticias porque las lágrimas caen a chorros y no digamos con las pelis, que si escribo me salen relatos eróticos (y de momento inéditos), que los ovarios se ponen marchosos cuando les da la gana y montan una fiesta con farolillos y todo …. en fin, que les voy a contar que a muchos/as de ustedes no les suene. Luego cuando pase del todo sólo me acordaré de los buenos momentos….

sábado, 9 de octubre de 2010

VIRUS TRABAJANDO


Ese es el cartel que tendría que haber colgado en el blog en estos días. Ellos, los virus han sido los protagonistas en mi casa. Nos han dado un buen repaso a los tres, yo fui la última y aun estoy con tos y sudores a destiempo. Se me han ocurrido muchas cosas que escribir, por que es cierto que los estados febriles son bastante creativos pero, ¿quién se sienta a escribir?, ¿de dónde saco las energías?. Ya se sabe, cuando uno está malo ni salud tiene. Esta era una de las frases favoritas de mi madre y, las madres siempre tenemos razón. Bueno pues sirvan estas letras para justificar el abandono que se habrá traducido en el blog y ya seguimos cuando tenga algo más de salud.

viernes, 1 de octubre de 2010

Venecia (I) y sigue ....

La cálida tarde hacía aumentar aquel olor algo dulzón que emanaban sus aguas. Tonino miró hacia atrás al salir de la callejuela, creía haberlos despistado. Cruzó el puente por encima del estrecho canal y se encaminó hacia la iglesia de San Eustachio. Justo cuando iba a entrar vio a uno de ellos y giró en redondo para volver a enfilar la misma callejuela, los tendederos lucían impecables llenos de ropa, una sábana blanca le rozó la cara, desprendiendo un agradable olor a limpio. Le pareció de mal augurio aquella coincidencia, desechó el pensamiento y apretó el paso. El siguiente punto de encuentro era en los urinarios de la Plazoleta de San Polo, aún faltaba un trecho, calculó su recorrido para no caer en una emboscada. Huir en una ciudad con canales es realmente complicado a no ser que puedas volar.  Con esta última entrega acabaría de una vez con este asunto y podría salir de aquella apestosa ciudad, no entendía que a la gente le pudiera parecer romántica. Oyó un silbido pasar muy cerca de su oído, dicen que las que oyes ya no son peligrosas, porque ya pasaron, no se detuvo a esperar por la siguiente y entró en el primer portal que encontró abierto. Subió las escaleras y entró en una vivienda que tenía la puerta entreabierta. Intentar que no se oyera su respiración y el tamborileo de su corazón le resultó un gran esfuerzo de concentración. Simplemente se detuvo, se pegó a la pared y prestó atención. Tras unos minutos comprobó que no había subido nadie al piso, pero dentro de la casa había alguien.
....continuará .....

sábado, 25 de septiembre de 2010

Invisible


Mira que me lo habían dicho, las mujeres después de los 40 se vuelven invisibles. Al principio no lo creía, pero ya han sido muchas coincidencias. Aquel camarero que no te atiende y mira al infinito sin verte, la puerta automática que no te detecta y no se abre, ese chico guapo que te cruzas por la calle y cuando sonríe no es a tí sino que habla con el "manos libres" o la dependienta de la boutique que ignora tus insitentes llamadas para que te busque una talla. Bueno, tampoco me voy a amargar y a dedicarme a recuperar artificialmente mi juventud para pasar de transparente a notoriamente patética. No, simplemente me resulta muy fuerte, fuerte porque parece que va a ser verdad.
Mi último episodio de invisibilidad me ocurrió el otro día, estaba con unos amigos tomando algo y decidí invitarlos sin que lo supieran, cojo mi bolso para ir al baño y disimuladamente pagar, pido la cuenta en la barra y espero. Como tardan decido ir al baño, al salir no veo al camarero y pienso que está atendiendo, sigo esperando. Lo veo aparecer de nuevo y levanto un poco la mano para recordarle lo mío, pasa a mi lado sin verme y lo oigo hablar con otro compañero.
- Has visto al chico rubio de la mesa 11, está tremendo. Yo le haría un pijama de saliva.

A todas estas mi brazo seguía a media asta y mi "por favor" había caído en el olvido rebotando por todo el suelo. Como la situación se prolongaba, paso al momento "EJEM", a ver si les aparezco tras pronunciar esta palabra mágica. Ya resignada doy media vuelta y regreso a la mesa, ya se estaban levantando y despidiéndose unos de otros. Mi amiga me comenta:
- Que estos ya se van, cómo tardabas hemos supuesto que ya habrás pagado.
- Pués sí, ya podemos irnos que llegamos tarde al cine.
- Oye otro día ya invitamos nosotros, vale?.
- Sí claro, de todos modos ha sido muy barato.

Alguna ventaja habrá que buscarle, digo yo.

viernes, 17 de septiembre de 2010

el todo incluido

Este sistema vacacional lleva unos años funcionando, sobre todo en destinos exóticos donde la gente que va no quiere que se lo coma un cocodrilo y lo hacen todo dentro del complejo vacacional. Ha sido en los dos últimos años cuando más se ha extendido en nuestras  islas, llegando a ser ahora mismo una de las fórmulas que más usamos los locales.
Eso de la pulserita es que es maravilloso, te vas al hotel o “resort”, que se dice ahora, con el pariente y los churumbeles, les endilgas el plastiquito en la muñeca y ya te olvidas. Descargas los bultos en el “bungalow” y pa'  la piscina. Allí unos simpáticos (y pacientes) animadores se encargan de hacerte partícipe de la felicidad hotelera. Es curioso como estos profesionales distinguen por el tipo de bañador, el tamaño de la barriga o las gafas de sol, la nacionalidad de los clientes.
Bueno, volviendo al todo incluido, estamos en la piscina, son las doce y media y nos pedimos unos “snakcs” y una caña para ir haciendo gasto, los niños se empujan un “gofre” y un refresco y todos a jugar al “volley pool”. Uno de los momentos cumbre del día es el del “buffet”. Una vez ojeado el material nos armamos de plato y ganas, vamos recorriendo los expositores entongando con gracia nuestro multicolor  almuerzo. Si logramos deglutir todo aquello seguiremos levantándonos hasta ir probándolo todo. Luego, siesta, más “snacks”, más piscina, más “buffet” y “karaoke” nocturno.
Ya ven, el todo incluido puede ser fantástico para relajarnos, pero puede desequilibrar nuestras vidas (sobre todo nuestro peso).
Por suerte sus precios no nos permiten aguantar mucho más de un “weekend”.

martes, 7 de septiembre de 2010

en vuelo

Un río de color verde, a modo de sinuosa serpiente se dibuja sobre el paisaje tapizado de un mosaico de cultivos. Esta visión del país que sobrevuelo me hace rememorar viajes del pasado, aventuras por territorios polvorientos sobre camellos de incómodos andares. Al contrario, yo viajo sobre una velocísima nave desde la que escribo, en un moderno aunque minúsculo ordenador. Ahora bajo mí se extiende un mar de algodonosas nubes, podrían aparecer ángeles y un dios tocando con su dedo a su hijo para cederle dones divinos. Delante de mí, otro padre y otro hijo visionan en su consola una ruidosa película de aventuras, también estarán adquiriendo algún tipo de don. Dejé atrás un aeropuerto, una estación de tren, una de autobuses y un taxi, todo para llegar a mi casa, los escenarios se han ido reemplazando sin  notarlo, ya casi no recuerdo como eran, con esa uniformidad que tienen todos los lugares que albergan gente de paso. A veces pienso si los aeropuertos no serán realmente embajadas de un mismo país sin nombre, ni bandera, ni idioma común, pero con algo que les hace idénticos. Si te duermes profundamente en uno, al abrir los ojos, durante un rato no sabes realmente dónde estás, tan sólo reconoces que es en un aeropuerto.

martes, 31 de agosto de 2010

ventolera

El cartel de cerveza se agita con un chirrido agudo acompañado del ulular del viento entrando por las ventanas. En la radio del coche han avisado de fuertes vientos. Paré en el primer bar de carretera que encontré ante las violentas ráfagas que habían sacudido mi coche. Sería cuestión de pasar allí lo peor del temporal. Al entrar me sorprendió lo cochambroso del lugar, en un extremo de la barra tres individuos mal encarados me miran desde el otro extremo de la desgastada superficie de la barra. Sus vasos están vacíos y, dado el vidrio que se trasluce en sus miradas, deben haber contenido unos buenos lingotazos. En la pared, tras ellos, luce un calendario sin hojas de un año del siglo pasado. Me acerco a la barra y pido una cerveza, un anciano de calva brillante me lo sirve con sonrisa postiza. Pido algo de comer, sólo hay manises. Pues a comer manises, están blandos, a tono con el bar.
Las horas pasan y yo me he apuntado al club de los ojos vidriosos, ya no presto atención al zumbido del viento ni al chirriar del anuncio. Realmente no los oigo, me levanto algo mareado y miro por la polvorienta ventana, ya pasó el vendaval. Pago en la barra, me despido, tropiezo con un perro que está tumbado cerca de la puerta, ni lo había visto. Por fin llego al coche, abro la puerta y al sentarme me planteo, ¿ conduzco o me echo una cabezadita ?.

sábado, 21 de agosto de 2010

Tom y .....


Tom me olisqueó por detrás, como no tenía ganas le saqué un poco los dientes y se fue. Me eché en el socavón que había estado preparando toda la mañana, estaba fresco. El pesado de Tom volvió, pero esta vez sólo se recostó a mi lado. Al rato oímos un ruido en la parte delantera y fuimos a mirar, era el cartero. Le dediqué un ladrido en “tono medio” especial para empleados municipales y demás, me miró algo serio y se fue después de dejar algo en el buzón. Mi compañero había estado moviendo el rabo con mirada desconsolada, era capaz de cualquier cosa a cambio de una caricia. Esta vez elegí como echadero un lugar cerca del muro lateral, estaba dando el sol y se estaba bien. Ambos estiramos las orejas, el sonido iba aumentando gradualmente hasta que ya resultaba hiriente. Tom comenzó a aullar son su mejor tono lastimero, me hacía gracia verlo como estiraba el cuello alargando la u final. Antes también me conmovían las sirenas, ahora ya estoy acostumbrada.
Volvió la tranquilidad y con ella las moscas, es lo malo del calor, a mi me gusta espantarlas a mordidas.
Ahora una vibración conocida se iba acercando, al rato llegaron los dueños en su coche. Al bajarse de él les ladramos en nuestro “tono de recibimiento” alegre y algo acuciante, yo lo adorno con ciertas modulaciones para que entiendan que sabemos que llevan mucho tiempo fuera. Abren la puerta de la casa y a pesar de nuestro bloqueo “quiero entrar” nos dejan fuera. Ahora nos acostamos en nuestras alfombrillas por fuera de la puerta. Los sonidos del interior nos van indicando la actividad de la familia: cocinan, comen, duermen ....
Por la tarde habrá paseo y a la noche la cena, tremenda vida la de los perros.

lunes, 16 de agosto de 2010

El canalillo


El canalillo como expresión suprema del escote, surge en todo su esplendor con la canícula. Los calores del verano son dados a reducir el tamaño de la vestimenta, con especial incidencia en las mamíferas humanas. Los varones, como mucho, muestran sus extremidades inferiores, ahora mayoritariamente depiladas, o en algunos casos excepcionales la ranura de la hucha. Pero sigamos con las mamíferas, muchas afortunadas (entre las que no me encuentro) avanzan en su escote y gratifican a todo el que quiera mirar con ese original canal que se dibuja al colocar sus mamas dentro de ese artefacto conocido como sujetador o sostén. Como muestra todo un clasicazo cinematográfico: Sofía Loren, reina indiscutible de los escotes y todos sus derivados, como complemento el pectoral de Mr. Kutcher, nada clásico pero un bombón.

martes, 10 de agosto de 2010

El tiempo

El mismo que nos fastidia con sus marcas, nos va liberando de muchas cosas y cicatriza nuestras heridas. Pasa sin pedirnos permiso. Se hace pesado si estamos pasándolo mal y corre escapándose entre nuestros dedos en los momentos de placer, con esa inexplicable relatividad. A veces, si nos enfrascamos en experiencias intensas,  lo vivimos tan intensamente que cuando llevamos dos días, parece que llevamos semanas, de la cantidad de “novedades” que buscan sitio en nuestro desacostumbrado cerebro. Una de sus maneras de medirlo, la edad, se convierte en tema principal de conversación cuando almacenamos mucha en nuestro cuerpo.
Pero a pesar de todo, el paso del tiempo nos hace vivir.

domingo, 1 de agosto de 2010

el cursillo de natación

Creado para deleite y disfrute de los padres y tortura de los niños, el cursillo de natación existe desde hace muchos años,  tantos como tenga la piscina donde se da, claro. Yo no fui a cursillo, ignoro si ya había piscina cuando yo aprendí. Yo tuve que enfrentarme con el mar y las potentes olas del Atlántico. Mi padre, que realmente no sabía nadar y nunca iba más allá de donde sus pies tocaban el fondo, fue el que me enseñó. Nos enseñó a todos excepto a los dos mas jóvenes que sí pasaron por la piscina. En mi caso consistía en que te ponían la mano bajo la barriguita y tú pataleabas hasta que un día la mano desaparecía y entre buches de agua salada te ibas manteniendo, luego pasé a usar aletas y con eso ya era la reina de los mares, hasta que al final ya pierdes el miedo y te tiras incluso donde no haces pie, a todas estas te pones en los 12 o 13 años. Los que fueron al cursillo en mi familia lo hicieron jovencitos, el más chico, David comenzó con cinco años, recuerdo que el resto de hermanos  éramos, por turnos, los que lo llevábamos al “matadero”, porque para él era tal cual la situación. ¡ Mira que pataleaba ese chiquillo ¡. Recuerdo que una vez se le escapó a uno de mis hermanos y se escaqueó por ese día de sus obligaciones natatorias. Pero bueno, con el tiempo le fue gustando y aprendió, o aprendió y después le fue gustando.
Luego me tocó a mí y al colega apechugar con nuestra parte de progenitor sádico y llevamos a nuestra hija a aprender a nadar. Salió al tío David la muchacha, también pataleaba y eso que la llevábamos junto con un amiguito algo más resignado, en general la situación se complicaba cuando el resignado se pasaba al bando de la niña y ambos la armaban. Pero nada, nosotros lo teníamos claro, con lágrimas y haciendo “de tripas corazón” los arrastrábamos hasta la piscina donde en poco rato se  sorbían los mocos y le echaban miniovarios y minihuevos y se tiraban a la piscina.
Qué duro es aprender, verdad ¡.

lunes, 26 de julio de 2010

Hilos

Los hilos que tejemos con nuestros semejantes son de distinto grosor y tipo. Con nuestra familia primaria, padres y hermanos, son gruesos como maromas, a veces algo pesados pero nos dan sustento. El de la madre irradia a todos nuestros órganos con un vínculo biológico muy potente. El de nuestro padre está más cercano al cerebro y esta lleno de escamas que saltan cuando nos rebelamos un poco, pero se nos adhieren a la piel. Los hilos a nuestros hermanos son de diferentes colores pero todos del mismo grosor y calidad. Luego, con la vida vamos tejiendo hilos diferentes, primeros unos de seda muy finos con nuestros primeros amigos, luego van siendo nuevos hilos algo más flexibles porque los amigos a veces vienen y van. Con algunos de estos nos empeñamos en tejer desde los dos extremos y conseguimos un grosor considerable tiñéndolos de distintos colores y añadiéndoles abalorios que penden de ellos. Al elegir pareja el hilo adquiere algo de rigidez porque solemos colgar muchos trastos, a veces nos sacudimos para que caigan unos pocos y poder disfrutar más de esa unión. Algunos elegimos tejer un hilo especial, de los de las entrañas, con un ser que nace de nosotros, y nos metemos en una de las relaciones más complicadas y enriquecedoras que hay en la vida. Cuando se alarga, porque hay que dejarles juego, se lleva un poco de nosotros. Y tenemos que saber vivir que esa holgura sin que se nos vaya la vida detrás.
Vivimos inmersos en una maraña de hilos, ¡ qué suerte ¡.

lunes, 19 de julio de 2010

Giornata particulare

Salgo de casa para hacer unos papeleos de banco, a 20 metros de la puerta recuerdo que me falta un documento. Vuelvo, abro la puerta de fuera, saludo a los perros, que parece que no me han visto en un año, entro en la casa, alcanzo la habitación y cojo el documento. Maniobra a la inversa. Llegando a la parada me cruzo con mi guagua que arranca rauda y veloz, dejándome con mirada desconsolada.
- Tranquila tengo casi una hora por delante.
Mientras espero la próxima, reviso buscando el bonobus. ¡ Mecachis ¡ no lo tengo, abro el billetero y veo un amenazador billete de 50," nunca tanto fue tan poco".
Pienso rápidamente dónde comprar un bono, cruzo ligerita y camino un trecho hasta la parada del tranvía, ¡cómo no¡, no aceptan billetes tan grandes. En frente está un taller al que suelo ir, entro toda sonriente pidiendo cambio, también con una sonrisa me dicen que no tienen. Ya frenética voy a una entidad bancaria y me aguanto las ganas de asaltarla a “punta de paraguas”. Espero y por fin una amable empleada me cambia el billetón, yo ya me había guardado de allanar el camino con lo de “tenemos el mismo apellido, de dónde es el tuyo”. Con los bancos nunca se sabe cuando les pides algo.
Por fin con el cambio en la mano cruzo a la parada y en la máquina expendedora un jovencito se pelea con un billete desdeñado, me dice que pase yo y consigo el preciado bono.

Ahora ligerita (aun no puedo correr) hasta mi parada, ¡ cónchale ¡ (qué fina) veo en la parada anterior una guagua sospechosa. Más ligerita todavía.
Bueno, llego y nada, a esperar, se ve que era otra línea.
Una vez en la ciudad tenía que hacer una proeza aun mayor, coger el coche del colega y desplazarlo hasta el centro, la zona de más difícil aparcamiento, y dejarlo para poder hacer el par de recados y luego salir pitando los dos a una comida.
¡¡ Milagro ¡¡.
Tras unas pocas vueltas arrimo el coche, legal y todo.
Y bueno, ya el resto de la jornada salió normalita, no conté a nadie lo de las guaguas, los bonos y eso.
Todos tenemos alguna vez una “giornata particulare”, y ya no hablemos de “annus horripilis” que de eso sé yo un rato.

sábado, 10 de julio de 2010

compañeros de vida

Sin mi compañero todo es distinto.
Sin él este sitio me parece agobiante, asfixiante y gris.
Sin él me levanto sin ganas, sin energía. Si gana España ya no es lo mismo.
Sin mi compañero no como ni carne ni pescado, la comida es más sana y más aburrida.
La nevera está bajo mínimos sin mi compañero.
Sin él mis manos están desinquietas.
Vuelve pronto, compañero.

domingo, 4 de julio de 2010

La poli nueva

(totalmente inventado, pero nunca se sabe)

Jaume se acercó a aquel policía de cara hierática, la nacional aun no había llegado y ya era la hora de iniciar la manifestación.
Cuando faltaban dos pasos para llegar hasta él, éste de uno solo, lo alcanzó, le agarró del antebrazo y ladeándolo le asestó varios porrazos. Jaume se zafó muy rápido y salió corriendo, no paró ni para hablar con sus compañeros. Mientras corría con la nalga entumecida recordaba la manera en que su madre, igual que el oficial, le cogía del brazo y le soltaba una buena azotina. En esas ocasiones él nunca se zafaba, hubiera sido aun peor, pero la porra ya era otro cantar. Por suerte nadie corrió tras él, aún no entendía que había pasado, pero el dolor le hacía seguir, al menos 8 o 9 manzanas.
El resto del grupo nos quedamos paralizados, bueno, las madres, gracias a su instinto se escabulleron con sus niños de la manera más disimulada que pudieron y sin hablar. Estábamos en el año 2000, a una manifestación autorizada para solicitar que no cierren una guardería no se le “carga”. Habíamos perdido la costumbre de arengar cuando ves una injusticia como esa, o quizás fue tan rápido que no reaccionamos. Desplacé muy despacio mi pie hacia la derecha para cubrir el hueco de Jaume tras la pancarta, que en ese momento era el escudo más ridículo que se nos podía poner delante para defendérmos de aquellos vándalos, en caso de ….
Por la curva de la avenida apareció la furgoneta de la nacional, nunca me había alegrado tanto de ver a la autoridad, bueno sí, una vez en el puerto en una acción contra la pesca “ilegal” cuando ya los pescadores-contrabandistas nos tenían acorralados contra la pared y lucían barras y palos. También me alegré al ver a los guardia civiles que con toda su autoridad nos salvaron, escoltaron y detuvieron.
La nacional se paró delante de los flamantes polis autonómicos y se bajaron pertrechados hasta las orejas. Sentí un sudor frío y ganas de correr, pero intenté controlarme y recordar que éramos cuatro gatos, totalmente pacíficos, desarmados y autorizados. El que mas galones tenía se dirigió hacia mí, no sé si porque el resto tendría los ojos cerrados o por ser el más alto. Me saludó cordialmente y se presentó pidiéndome el documento de autorización. ¡Horror¡, lo tenía Jaume, por eso se había adelantado a hablar con el poli. Balbuceando le pedí un momento y le dije que teníamos que buscar la otra copia. Miré hacia atrás y se oyó un frufrú de bolsillos y bolsos. Por fin apareció, una previsora madre había hecho varias copias. Se la mostramos y casi sin leerla nos dijo:
- todo en orden, pueden comenzar, el tráfico está cortado desde hace 20 minutos.
Yo no sabía si creérmelo, comenzamos a relajarnos y aparecieron algunas sonrisas, en ningún momento miré a los policías de la comunidad por temor a encender sus iras. Hicimos nuestro recorrido, animándonos según se nos pasaba el susto, algunas de las madres "escapistas" volvieron, tras ver que la democracia seguía siendo el régimen que regía el estado.
Una mujer, como siempre las más valientes, se dirigió al "nacional" de mayor rango y algo airada le relató lo ocurrido. Él esbozó una sonrisa, dijo algo entre dientes y se quedó rezagado para hablar con sus compañeros.
Cuando acabamos, hablando, ya más calmados, entre todos, le preguntamos a Carmen (la mujer valiente) qué palabra fue la que dijo entre dientes el oficial, ella admitió que no la pudo escuchar bien, pero creyó entender: "novatos". Otro dijo que había escuchado: "mariquitas". Otro que: "paranoicos". Otra que: "jodeer".

Vamos, que nos quedamos así, pensando en el pobre Jaume que pagó el pato de la primera intervención de la nueva poli. Eso si, la porra era a estrenar.

martes, 29 de junio de 2010

Un libro

Victor acarició las tapas de la libreta de hojas blancas que esperaban ser escritas, se la acercó al pecho y pensó en que todo estaba dentro de su cabeza, sólo era cuestión de ponerse. Y ahora tendría tiempo.
Abrió la tapa dura, se apoyó un poco sobre ella y comenzó en la segunda página, siempre es bueno dejar al menos la primera en blanco. Eran las diez de la mañana, los niños estaban en la escuela, Carmen en la Universidad y la losa fregada. A las once y media se levantó, fue al baño cogió un plátano y al acabar abrió la libreta por donde estaba metido el bolígrafo y siguió.
A las 2 se levantó y almorzó ligero y sólo. Siguió escribiendo, se levantaba cada media hora para evitar el sueño.
Llegó Carmen con los niños y al oírlos paró la escritura. Hablaron un rato y en cuanto pudo se volvió a sentar, no le importaba que sus tres hijos revolotearan a su alrededor, él seguía a lo suyo. Su mujer curioseó por encima de su hombro pero lo dejó tranquilo.
Al día siguiente fue una reproducción exacta del primero y así hasta el viernes. Se levantó de la silla a media mañana, se estiró y con el cuaderno en sus brazos dijo en voz alta: acabé.
Se puso a las tareas de la casa y cuando llegó Carmen para comer con él la recibió con alegría en la cara.
-Ya terminé, dijo levantando los brazos como hacían sus hijos al meter un gol en la consola.
-Pues es estupendo.
-Sí, lo siento no podía parar, lo tenía todo aquí y no quería que se me fuera. Mañana comienzo a arreglar los papeles del paro y a buscar trabajo y llevo yo a los niños a la escuela y todo eso.
-Bueno será el lunes, mañana haremos otras cosas, le dijo mientras le abrazaba.
-Huy¡ sí, mejor.
-Pero tu crees que está acabado, acabado?
-No, claro, ahora falta, revisar, organizar, transcribir y un montón de cosas más. Pero yo ya he escrito mi libro.

El lunes, Carmen y Víctor se levantaron para comenzar la faena, llamaron a los críos, Víctor, con una voz desde el baño y la madre , cama por cama dándoles un beso y llenando el cuarto de luz.
Tras el desayuno-contienda se subieron juntos en el coche y salieron hacia la escuela. Cuando él acabó las entregas se fue a su antiguo trabajo a recoger los papeles. No había estado nada bien la manera en que lo habían echado, le estaba subiendo el resquemor del día del despido. Acabó rápido y al salir se acordó de dejar “el resquemor” dentro. Se concentró en su libro, lo recordó, en la gaveta al lado de las herramientas de escribir.

miércoles, 23 de junio de 2010

Kevin

María tuvo que pedir permiso en el supermercado, de nuevo la llamaron del instituto de Kevin.
- Mire, que su hijo es "disruptivo" ......
María, recibió la palabra como una bofetada, empezó a notar cómo se le ponían rojas las orejas y dejó de oir al tutor. Kevin estaba a su lado, con la cabeza agachada y tocando con la punta del tenis las rayas de las baldosas del suelo.
- .... ya en el primer trimestre le hemos puesto dos partes y ....
María intentó calmarse y escuchar lo que ese hombre de gafas con cristales gruesos le decía.
Se acordó de que hoy tenía que quedarse un rato más en el trabajo, que tenían inventario, con las prisas ni se había quitado la chapa con su nombre. Seguía intentando concentrarse.
Veinte minutos después salió del instituto tirando de la manga del chiquillo, que miraba hacia atrás triunfante, lo habían expulsado. Ya en la escuela era algo desinquieto, pero ahora en el instituto, no sabía ella qué pasaba que no hacían más que llamarla porque se portaba mal, parece que no atendía en clase y se dedicaba a entretener a los compañeros, jugar con el móvil, lanzar papelitos y eso. Debía ser cuestión de hormonas o yo qué sé, se decía ella para sus adentros.
Una vez en casa le dijo que estaba castigado sin ver la tele y sin salir con los amigos. Salió dando un portazo y aceleró por la calle para llegar pronto.
Le tocaba estar en la caja hasta las 12, habló con el encargado y metió la llavita para activar la caja. Pasó la primera una señora con dos carros llenos hasta arriba, cuando llevaba una tercera parte de la compra facturada sonó el politono de regaeton que anunciaba que le llamaba el niño, se tensó e intentó seguir pasando los productos. Tendría que haber apagado el cacharro, ¿ y ahorá qué le pasa al chiquillo?.
Agarró el datáfono y se lo puso en la oreja, el móvil seguía sonando. Menos mal que la señora estaba a lo suyo entullando la cinta con su compra y no se daba cuenta. Logró colocarse el teléfono (esta vez sí) entre la oreja y el hombro mientras seguía pasando la compra, miró a su compañera en la otra caja que le echaba una mirada compasiva.
- maaaa,
- qué pasa Kevin, que estoy trabajando
- qué dónde me metiste la “play”, que no la encuentro, me abbburrrrro
María sintió que el corazón se le aceleraba y que un calor se le alojaba en el pecho.
- ¡¡ Kevin, por dios ¡¡, tócale a la abuela y dile que te deje cogerla, que está sobre el armario del fondo.
Colgó y le dirigió una sonrisa de disculpa a la clienta, que ya había acabado de colocar toda su compra a modo de torre amenazante.
- Es mi hijo, que salió “disruptivo” como su padre.

martes, 15 de junio de 2010

los caballitos

Queríamos ir a Trinidad en coche de alquiler pero era carísimo así que optamos por el "coche palticulal". Dada nuestra pinta de turistas nos iban ofreciendo constantemente servicios de todo tipo. Al final cogimos el coche más barato, y no sabemos si el más cochambroso. A la hora de salir tuvimos que parar para comprobar un ruido que salía del capó, paramos y estiramos las piernas. Por fin seguimos, un rato después nos dan el alto los caballitos (los polis de tráfico de Cuba), teníamos preparado decir que éramos primos de un gallego vecino del conductor. El poli no se lo traga, le pone una multa y le retira las placas. Reinaldo, el conductor no se apura (difícil en un cubano), nos deja en la casa de unos parientes y él se va en busca de un amigo poli, le dejamos dinero para comprar una botella de ron. En la casa están viendo la teleserie, nosotros esperamos fuera, hacen 38 grados a la sombra. Dos horas después llega Reinaldo con las placas y sin el ron, volvemos a la carretera, estalla una tormenta con mucha agua, el coche no tiene limpiaparabrisas, nos reímos. Por fin llegamos a nuestro destinos un chorro de horas después de salir de la Habana. Al despedirnos nuestro conductor resume: "el cubano inventa mucho".

miércoles, 9 de junio de 2010

La domadora

La  domadora de elefantes entró en aquel antro de música dura y atmósfera cargada, su pelo largo, pantalones ajustados, chaqueta de cuero y botas altas hacían juego con el lugar. Estaba agotada de la larga jornada, con dos pases muy intensos por ser el último día. Hubo llenazo, los chiquillos gritaban frenéticos y Tom, el elefante, estaba ese día especialmente irritable, tuvo que imponerse varias veces para que supiera quién era la que mandaba. Para colmo los manifestantes ecologistas también tuvieron jornada intensiva y no pararon con sus gritos y arengas. Sólo tenía ganas de tomar unas copas y olvidarse. Tras el segundo ron a pelo, echó un vistazo al ganado, el único tipo interesante era aquel del final de la barra con una cerveza en la mano que bailaba flojito. Bueno al menos bailaba, que ya era algo. Tenía un aspecto vagamente intelectual y un cuidado desarreglo, de esos que te dan ganas de colocarle bien la camiseta. Tras el siguiente ron empezó a imaginarse como sería quitarle la camiseta, lo miraba pero él no parecía ponerle asunto, no como el resto de babosos empleados de banca con chaleco de cuero y llavero de Harley. Comenzó a sonar “walk on the wild side” y él pareció emocionarse moviendo la cabeza, esa canción a ella también le gustaba. Comprobó que su chaqueta no oliera a elefante y se decidió.

Aquella amazona salvaje se me acercó cuando estaba en lo mejor de mi ensimismamiento, sacándome bruscamente de él, se acodó a mi lado con su bebida en la mano, rozando suavemente mi brazo. Me miró y me sonrió, con la sonrisa apareció una dulzura oculta que no había percibido cuando la miraba de lejos. No dijo nada y se quedó mirando con decisión, le dije hola y seguí con mi meneo. Cuando acabó el tema me dijo que a ella también le gustaba. Me dí la vuelta hacia la barra para pedir otra bebida para ambos y comprobé que era tan alta como yo, y sin tacones. Así, de cerca me fijé en sus pechos que hasta ahora habían permanecido ocultos por la chaqueta, apoyé los brazos en la barra tensando los músculos. Era tan tarde que la música comenzó a ser más lenta e íntima, hablamos de música y dando sorbitos a la cerveza fui quedando prendado de su atracción, movía las manos de una manera especial, como si manejara algún tipo de batuta o herramienta. Aretha Franklin nos hizo juntar los cuerpo y bailar, luego todos los temas fueron envolventes, no pudiendo separar ya nuestros cuerpos.

Apagaron la música y tuvimos que salir al frío de la noche, ella iba bien abrigada y yo en camiseta así que tuve que disimular el frío para no parecer blandengue. Le dije de tomar la última en casa, que era cerca. No sabía de qué hablar, intuí que no era de la ciudad y la llevé por la parte más bonita y se lo dije. Le gustaba pero no la deje entretenerse mirando por miedo a empezar a castañetear los dientes, ella se dio cuenta y me calentó las manos en su cuerpo, dándonos un absurdo abrazo calefactor que me hizo desear aun más llegar a casa. Allí, directamente nos abalanzamos a besarnos con desesperación, como si hiciéramos algo prohibido.

El lado derecho de la cama amaneció vacío, me vestí y bajé a desayunar, no quería estar sólo en la casa. El bar de la plaza estaba a tope, debería ser tarde, ojeé la prensa y vi la noticia de la concentración donde había pasado la tarde, frente a la carpa del circo. Poco más había de novedad.
Con el alma algo rehecha gracias al jugo y el bocadillo, torcí por la primera calle a la derecha y la vi, lucía potente y avasalladora sobre aquel elefante de porte magnífico. El cartel anunciaba la última actuación.

sábado, 5 de junio de 2010

Domingos

Aunque preferiría estar censando gorilas en los montes Virunga, los domingos que me quedo en casa espero con ilusión el momento de rellenar el autodefinido del periódico. Elijo para esto un rotulador rojo exclusivo, que escribe sin apenas apretar, me recuesto y me concentro. Realmente lo hago como homenaje a mi padre que toda la vida disfrutó rellenando crucigramas, a mi me gusta desde hace poco. 
Aunque preferiría trampear uromastyxs en Mauritania, los domingos que me levanto en casa sin prisa, agarro mi carro de la compra y me voy a la recova, todos sabemos que es más caro que el súper, lo hago porque me gusta esa alegría que invade el recinto, que parece que regalan la comida. Me gusta la música pachanga que pone el señor que vende, de toda la vida cassetes y novelitas del oeste. Me gusta comprarle unos churros al señor de pelo cano, cadenas de oro al cuello y uña del meñique gigante y amenazadora.
Aunque preferiría descender el Amazonas en piragua, los domingos que estamos en casa todos, me gusta preparar un conejito al estilo doña Teresa, con su salsa de almendras y asadura, con unas papitas negras de acompañamiento.
Pues eso, que me gusta disfrutar también con las pequeñas cosas.

lunes, 31 de mayo de 2010

Bohemia jazz

El cafe más interesante que conozco me lo descubrió mi hija, parece mentira tan jovencita y la de cosas que conoce.
En sus paredes cuelgan todas esas fotos que los mitómanos amantes del jazz y del cine clásico almacenamos en un archivador polvoriento o en nuestra memoria. Librerías con ejemplares inamovibles separan las estancias a modo de tabiques literarios.  Tres pianos, uno de ellos de cola, rellenan de manera explendida el interior algo oscuro, el moviliario se complementa (además de con las mesas) con algunos muebles antiguos y una "jukebox" vacía de sonidos. Un pianista septuagenario engrana temas clásicos, de esos que forman parte de la banda sonora de cualquier adulto aficionado a estos temas. A pesar de estar lleno esa noche, se podía hablar. El pianista interpretaba sus temas sin que nadie le hiciera mucho caso, tras unos aplausos solitarios el hombre se fue irguiendo y tocando con más virtuosismo, a pesar de sus manos de nudillos inflamados.
No sé si por la música, el ambiente, la compañía o por todo, pasamos un rato de esos que recuerdas, por lo menos hasta que se te pase el colocón.

viernes, 28 de mayo de 2010

organo femenino

62 pasos de pasillo, 124 ida y vuelta, cinco consultas, dos salas de espera, más de ochenta seres humanos ocupándolas. Nos une a su mayoría el género, a algunas la preocupación y a otras la ilusión. Unos pocos de los ocupantes de las salas portan el gen XY, uno de estos (aún sin edad) nos entretenía con sus carreritas y gracias. El resto de los de ese género soportaba la espera con cara de aburrimiento. Para pasar el rato me entretengo observando.
Allí estaba, paseando como yo. De una elegancia y prestancia que denotaba su buena cuna, era como la Roger Federer del lugar, con cara de no haber pasado hambre en su vida (yo tampoco pero lo disimulo más), su vestimenta "casual" complementada con detalles étnicos remarcaban aún más la finura de su estilo. Aun vistiendo su ropa yo parecería su chacha .... En ese momento llegó otra chica, con bata de médico y se fueron juntas, se me acabó el entretenimiento.  Por la afónica megafonía nos van llamando por el nombre, dos horas de pasillo después, extrañada de que no me llamen pregunto. Dicen que lo han hecho 200 veces (qué exagerado es el personal sanitario), así que con humildad comento que he estado todo el rato muy cerca. La doctora, una vez dentro, vuelve a comentarme que me había llamado, lo único que se me ocurre decir es:  "también me revisaré los oídos".

viernes, 21 de mayo de 2010

carnaval, carnaval ....

Aunque entre la progresía de mi generación no se les considera políticamente correctos, a mi me encantan los carnavales y me lo paso bien los días (bueno, las noches) que bajo. Es verdad que ya cuesta aguantar hasta las tantas, es verdad que ese ritmo de acostarte por la tarde y levantarte de madrugada, para bajar cuando la cosa bulle, no me va nada, de hecho no lo hago. Yo me pego la pechada de sobrellevar la jornada y luego cogerme el tranvía para llegar animaditos a la fiesta. Pues eso, bajar en tranvía una noche de carnaval, es de las cosas más divertidas que se pueden hacer. Por supuesto hay que ir disfrazado y meterse en la historia. Una de esas veces, nos subimos en la parada de la Cruz de Piedra, tras ver pasar las guaguas tan a tope que ni paraban y a las que sólo les faltaba la música para ser un “coche engalanado” de esos de la cabalgata del viernes. Pues, una de esas veces, subimos y, para poder entrar nos tiraba del brazo un grupo de “sarantontones” de antenas convexas y caras rojas, tiraban con una mano y con la otra sostenían el vaso con la bebida que, religiosamente vertieron sobre nuestras pecheras al llegar a la plataforma. Bueno al trocito de plataforma donde nos entraron los dos pies juntos. Me di la vuelta para agradecer el gesto y la bebida y me calló encima una preñada de 1,95 con bigote. Tras el meneo del arranque del tranvía, todos nos recolocamos y con cierta dignidad buscamos un centímetro de barra para asirnos. Mi compañero distaba de mi como siete mascaritas, casualmente todas animadoras con pompones de colores.  La fiesta llegó a su climax cuando un obispo orondo de cojines (no de cojones) sacó una botella de ron y animadamente comenzó a convidar a sus allegados, que podríamos ser como unos doscientos. Todos tendimos la mano cual sedientos ermitaños del desierto,  algunos con vasos medio escachados y otros sólo implorando un chupito directo. Mientras, el conductor en una alarde de solidaridad sin precedentes, seguía parando y subiendo (???) mascaritas. De esa guisa llegamos a la última parada. La verdad que podríamos haber seguido en el vagón otro buen rato yendo y viniendo a La Laguna mientras quedara bebida, pero en fin, hicimos de tripa corazón y bajamos todos. Ya el grupo se fue desparramando un poco y se volvieron a juntar los bigotudos con las de los pompones, los obispos con los diablos, los romanos con las odaliscas y algunas mujeres lograron recuperar a sus hombres llenos de carmines y purpurinas ajenas.   Por cierto, esa noche en ese tranvía, ninguna mascarita logró acertar a meter el bono por la rajita del aparato ticador. ¡ Cosas de los carnavales ¡.

viernes, 14 de mayo de 2010

Encadenados

Lazos fuertes, cadenas que nos atan. Difícil diferenciarlos, se usa la expresión “cadenas” cuando es algo que nos ata, nos subyuga.  Decimos, me une un fuerte “lazo” a alguien cuando esa unión es afectiva y nos sujeta, nos da apoyo.  Sin embargo la visión de un eslabón gigante arrimado por el mar a la orilla evoca imágenes marineras, de aventura, románticas incluso.

martes, 11 de mayo de 2010

tuneado interior

Nada más entrar al taxi sentí que pasaba a otra dimensión, bajó un poco el volumen de la radio para oir la dirección y lo volvió a subir, cantaba Adamo.  No faltaba detalle, hacía años que no coincidía con un taxi así, el de la peli de Almodovar no tenía nada que envidiarle. La moderna emisora con el GPS se encontraba incrustada en una funda de escay de la que sobresalía un tejadito para evitar el reflejo. Del espejo retrovisor pendían diferentes elementos de colores brillantes entre los que destacaba un ojo de la suerte turco (ese cristal azul y blanco tan bonito). La sección de santos y vírgenes estaba alojada por encima de la luz interior, ensamblada de una manera milagrosa, destacaba un “retrato” en blanco y negro de Cristo. Una serie de figuritas variadas hacían equilibrios sobre el salpicadero que además estaba salpicado (verbo lógico en este sitio) de calcomanías de estrellas de distintos diseños, y cada mando tenía adherido un minibotón de colores variados. No todo era abalorio decorativo, tras ambos asientos delanteros había una serie de bolsillos de los que asomaban todo tipo de tarjetas de diferentes negocios y alguna que otra estampita de santo.
Por su edad tuve dudas sobre la propiedad del vehículo, podía ser un empleado y el auténtico “artista de lo kich” estar en casita repantingado frente a la tele. Cuando llegué a mi destino, comenzó a sonar en la radio Ráfaga, él bajó el volumen para informarme del importe y al subir de nuevo el volumen, me dí cuenta de que era él, el auténtico.

domingo, 9 de mayo de 2010

burritos y turistas

Yo tendría 17 años, fuimos un grupito a quedarnos unos días en Masca, recuerdo que al pasar por los altos de Santigo del Teide el viento era tan fuerte que tuvimos que pasar agachados y sujetándonos al suelo. Dormimos en una de las casas del pueblo que nos dejó Pepe Pérez el alcalde pedáneo. Aun no había carretera y los turistas hacían la caminata en burro. Mírenlos qué contentos (los turistas, claro).

jueves, 6 de mayo de 2010

las tomateras

Ella vive en un caserío alejado de un pueblo alejado del sur profundo.  Cuando se casó empezó viviendo en una casa-cueva, luego al nacer los hijos fueron construyendo cuartitos pegados a esa vivienda. Luego algunos de sus hijos, ya mayores, han seguido arrimando cuartitos al de sus padres. A pesar de tener tantos chicos siempre trabajó en los tomates. Tempranito estaba cada día en el cruce entre la pista que llegaba a su casa y la carretera, se subía al camión y seguían recogiendo mujeres por varios caseríos. Comenzaban a trabajar antes de salir el sol y acababan un chorro de horas después. A pesar del madrugón, del frío, del calor y la dureza del trabajo a ella le gustaba ir a la finca a cortar tomates o a deshijar. Era habitual oírla cantando sonriente muy tapada con la típica falda sobre el pantalón y la sombrera calada. Hace unos años que se jubiló y mirando por la ventana mientras friega la losa echa de menos muchas cosas de aquella época: las fiestas del fin de zafra, la conversación con las chicas, incluso aquel licor que les daba el encargado los días de frío y lluvia.

viernes, 30 de abril de 2010

desde abajo

Cierta particularidad de mi anatomía (espero que pasajera) me hace viajar en posición horizontal, es decir para recorridos de cierta distancia me acomodo en la parte trasera del vehículo y me echo de la manera que pueda. Esto hace que la visión del paisaje mientras me desplazo sea, digamos, algo distinta. Las nubes, las copas de los árboles, las partes altas de los edificios, los picos de las montañas, han cobrado protagonismo. Aunque sea fugazmente, observo el azul del cielo con esas nubes deshilachadas de los vientos de altura, o los balcones con la ropa de los niños tendidas al sol. Claro, el tema de conversación con el conductor se complica un poco porque no compartimos la misma visión y mi postura es dada al ensimismamiento o incluso al ensueño.
En fin, como experiencia, y si uno no se marea, puedo recomendar que se pruebe.

martes, 27 de abril de 2010

Tipos de besos

Aunque ya por su edad no me deja besuquearla alguna vez la pillo floja y puedo hacerlo y jugamos a los tipos de besos.
El beso de humano es el que todos practicamos con los labios relajados sobre cualquier parte del cuerpo o cara.
El beso esquimal se da frotando nariz con nariz.
El beso de mariposa es muy sutil se usan las pestañas y se actúa sobre alguna zona sensible del cuerpo, como el cuello por ejemplo. Está claro que hay personas más dotadas que otras para este tipo de beso.
El beso de vaca se hace pasando la lengua por la cara, este no tiene muchos adeptos, cuestión de gustos.
El beso de piraña se da con los dientes, ejerciendo una leve presión claro.
El beso de lagarto, novedoso a todas luces, se usan los labios pero doblándolos hacia dentro para cubrir los dientes, luego se intenta dar como una mordidita, así, sin dientes.
Y seguiremos jugando a los besos.

sábado, 24 de abril de 2010

el señor del cantero

Tenía que coger dos guaguas para llegar al pueblo, luego caminaba unos quince minutos hasta su "pedacito". Sacaba la guataca que dejaba escondida por los matos, colocaba el agua a la sombra, se colocaba el sombrero y dedicaba unas horas a trabajar la tierra. Quitaba hierba, araba surcos o aporcaba las papas. Lo hacía despacito porque hacía ya años que no trabajaba en el campo. Cuando ya decidía que había trabajado bastante, recogía y se iba a la parada a coger la guagua. Una vez en casa y tras la siesta se dedicaba a sus pajaritos, solía llevarles "quemones" para que entraran en celo y se cruzaran. En sus paseos recogía maderas para posteriormente transformar en una jaula, una banqueta, un bernegal o pequeños juguetes. Cuidaba con mimo sus herramientas que eran asombrosamente antiguas y funcionaban perfectamente. Tenía un nombre de pila largo, con muchas sílabas, sus manos también eran grandes, grandes y fuertes.

jueves, 22 de abril de 2010

el tranvía de antes

Un señor muy mayor de Arico me contó una anécdota sobre el antiguo tranvía que funcionaba en la isla. Hacía el recorrido entre la Plaza España en Santa Cruz y Tacoronte y dejó de funcionar en los años 50. Contaba que iba Marcial caminando por la Cuesta, en esa época era habitual que la gente, la pobre claro, fuera descalza, las alpargatas se dejaban para los actos sociales. Pues eso, iba Marcial subiendo por el camino cuando oyó las voces que daba un carretero para que la gente se arrimara. Marcial se desvió hacia su izquierda caminando por encima de las vías del tranvía, con tan mala pata que se le coló el dedo gordo del pie izquierdo en el rielito ese que tenía la vía, es decir el sitio por donde corre la rueda del aparato. Hay que añadir que Marcial era de esos hombres tipo "puntal", inmensos y que todo lo tenía grande, imagínense el dedo gordo. Tiraba Marcial hacia arriba para sacar el dedo, tiraba y no lograba sacarlo. Un grupo de parroquianos lo vieron y fueron en su ayuda, él había dejado el hatillo en el suelo y con las manos tiraba del pie propietario de aquel dedo, que cuanto más se jalaba de él más gordo se ponía. Como aquello no parecía tener solución alguien dijo, -que siga hasta el cambio de aguja, a ver si allí lo saca. Así que ahí va Marcelino caminando con el pie derecho y arrastrando el izquierdo, la comitiva de curiosos lo acompañó, los últimos miraban para atrás por si venía el tranvía. Nada que en el cambio de aguja tampoco se pudo sacar el dedo ....

Para no aburrirles con el relato del largo recorrido de Marcelino, sólo decirles que, según este señor de Arico que me hacía el relato, hasta la última estación, la de Tacoronte, llegó Marcelino con su dedo enrielado, su hatillo y una comitiva de curiosos que le acompañaban renovándose de parada en parada, porque claro, el tranvía también venía detrás.

¡¡¡ Qué exagerado, no ¡¡¡

martes, 20 de abril de 2010

mis perritos

Aunque a ninguno nos gustan las cacas de los perros en las calles, tenemos que admitir que estos animales se han metido en nuestras vidas, a algunos porque nos gustan y los tenemos en casa y a otros porque los sufren de distintas maneras. Uno de mis perros se llama Yuma y es una preciosa labradora color chocolate, tiene ya muchos años, se le nota en los andares y en la respiración cansada cuando se alegra demasiado. Ella más que ladrar se expresa, emitiendo unos sonidos que modula según el contexto. A pesar de la alcurnia de su procedencia (tiene padres ilustres), lo extraordinario de su pelaje y la buena educación recibida (no ha estudiado en la universidad pero casi) ella es un poco-bastante callejera. De siempre ha añorado escaparse y estarse unas horitas vagabundeando, son incontables las veces que se ha escurrido entre nuestras piernas medio agachada para que no la veamos, bueno, admito que muchas veces han sido negligencias de sus amos. En estas aventuras suele arrastrar al buenazo de su hijo, mi otro perro. Lo  asombroso de Yuma es que siempre aparece, algunas veces por su cuenta, las menos, y la mayoría porque algún "buen samaritano" lee el número de teléfono de su correa y nos llama. Nosotros vamos y azorados no sabemos como agradecer que, un desconocido recoja un perro en la calle, a veces dos, lea el número y nos llame. Realmente increible. Pero ella es así, una perra con suerte.

sábado, 17 de abril de 2010

el tacón en .....

Las chicas caminaban por la calle cuando una se ladeó frenando la marcha y mirando al suelo. Se inclinó y dejando la zapatilla en el suelo sacó de dentro el pie descalzo. Su tacón se había metido en el agujerito de la tapa de una de esas alcantarillas redondas. Entre risas ambas se agacharon a sacar el tacón. Mirando a los transeúntes la chica sonrió mostrando la ausencia de su incisivo y diciendo: me cago que se me ha "metío" el zapato en el "burejo".
Digo yo que esto también le pasará a las chicas de dentadura perfecta y modales refinados.

viernes, 16 de abril de 2010

ventana

Desde la ventana podía divisar el mar, los días de tempestad era todo un espectáculo. Veía pasar impotente los barcos, quería salir y llamarlos, que me rescataran, que me sacaran de aquel ambiente, de aquel paraje que me atrapaba. Prefería cerrar la ventana e ignorar que estaban ahí. Quizás en verano cuando el calor asfixiante me hiciera salir, quizás entonces lograse reunir el valor para agitar los brazos y avisarles. Ahora estoy atrapado por su encanto, su magia y no quiero salir ....
Quizás en verano.

jueves, 15 de abril de 2010

cerveza caliente

Conseguir bebida fresca era imposible, era de locos.  Al llegar a los pueblos los hombres del grupo se avalanzaban a meter la mano en las neveras en busca de algo parecido a una bebida fría. Llegamos a la conclusión de que las usaban (las neveras) solamente como armarios, bueno quizás aislaran su contenido de la temperatura exterior, pero enfriar no enfriaban. Realmente viendo como estaba el país era lo normal, pero la parte masculina de nuestro grupo se negaba a aceptar la realidad y clamaban angustiados en busca de una cerveza fría. De todas maneras fue muy divertido aquella noche que los seis fuimos al bar de aquel pueblo llamado Markoy, donde parecía que habían abierto la puerta de un horno gigante que emitía calor, al menos así nos parecía a los blanquitos lechosos y acalorados, como digo, fue gracioso el puntito que logramos coger tomando cervezas calientes, por fin relajados y disfrutando de lo que nos ofrecía la maravillosa noche africana. A la mañana siguiente, tras compartir una velada estupenda con la familia que nos acogía y no pegar ojo por el calor y los bichos, exclamamos (exagerando como siempre): Markoy es la muerte.

martes, 13 de abril de 2010

El camino de tierra

Muy cerca de mi casa hay un pequeño sendero de tierra de unos 80 metros de largo que, a modo de atajo, une la carretera con la calle. Lo usan a diario los chicos del instituto, se ha quedado bastante oculto entre el muro del edificio y la vegetación del borde de la carretera, de tal manera que además de ser lugar de tránsito es usado como "desahogo" de ciertas necesidades. Por eso todos los que pasamos por él vamos, inconscientemente supongo, buscando novedades entre los elementos que conforman el paisaje del camino. Botellas de refresco, de cerveza, bolsas de hielo (ya vacías, claro), la caja del happy meal, los preservativos de colores, el papel casi blanco que adorna el contenido intestinal de un sufrido taxista con apretón, y toda esa serie de adminículos que el ser humano tiene por costumbre dejar como prueba de su estancia en el lugar. Como ven el atajo es de lo más útil.

domingo, 11 de abril de 2010

Olores de siempre

El olor del café, ¡cuántos recuerdos nos traen a la mente¡. Aún no siendo muy aficionada a su sabor admito que me gusta prepararlo tan sólo por sentir su aroma, muy asociado a imágenes de la infancia. No cabe duda, que las maquinitas del George Clooney por rico que preparen el café y "buenorro" que esté el muchacho, no podrán igualar la experiencia olfativa de la que estamos hablando.

sábado, 10 de abril de 2010

El burrito surfista

No he vuelto a saber nada de él,
aquellos días en el islote fueron maravillosos, el grupo funcionó muy bien y cada uno aprendió del resto de los compañeros gracias a lo distinto que éramos. Para mi fue la persona más alucinante, rompía todos los estereotipos de un chico criado en la Garita. Su capacidad de adaptación y la vena artística le daban un aire bohemio. A pesar de su juventud tiene el don del relato, la historia de su trabajo como lavacoches fue memorable. Un saludo Lechu.

jueves, 8 de abril de 2010

Arte al aire libre


Cuando vi "esto" en el exterior del Guggenheim de Bilbao me dí cuenta de lo artista que es mi pueblo. Cosas parecidas a esta he visto yo en muchos barrancos y descampados de las islas. Nunca lo había valorado como tal. Incluso algunos de estos "artistas" se esmeran y plasman sus obras en pleno espacio natural.

martes, 6 de abril de 2010

La playa y la infancia

Algunos domingos de verano mi padre llamaba al taxi de Duranza para que nos recogiera, era un Peugeot negro tipo "rubia". No cabíamos todos, los mayores iban en guagua o algunas veces no iban precisamente por que eran ya mayores. Mi madre llevaba, además del caldero de arroz amarillo, una caseta hecha con sacos de azúcar que ella había descosido y luego montado. Quedaba curiosa con esos sellos rojos sobre la lona blanca que decían "azucarera española". Pasábamos el día entero, por la tarde venía de nuevo el taxi y regresábamos a casa ensalitrados y con arena en todos los pliegues de nuestro cuerpo. Recuerdo que íbamos cuando la playa era natural y también luego cuando estaba en obras para convertirse en una playa rubia. Era entonces una playa mucho más incómoda porque habían desaparecido los callaos pero lo pasábamos igual de bien.

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jueves, 1 de abril de 2010

"Ni perrito que me ladre"


A sus 70 años, cuando algún hombre la miraba ella recibía esa mirada como un halago. Siempre andaba por la calle muy derecha y segura de sí misma. Nunca perdió el interés por arreglarse y estar guapa. Siempre fue importante "el que dirán" como ella decía. Eso la hacía estar siempre de "buen" semblante y "ver". Aquella mañana, al igual que muchas otras se bajó de su taxi en el centro y se dirigió a la tienda donde habitualmente se compraba su tinte caoba, color elegido ya desde hace años por considerarlo "favorecedor". Toñi, la dependienta, la saludó afectuosamente, la conocía hacía años y aquella señora le resultaba simpática. Solían hablar un buen rato de cosas del día a día.
Con su bote de tinte en el bolso se dirigió hacia el bar Callao, en la barra pidió un cortadito y comentó que iba al servicio. Nunca lo hacía sin pedir algo en el establecimiento, lo contrario le parecía de "carotas". Tras la barra había un camarero nuevo que le sirvió el cortado algo claro, al ponerlo en la barra se rebosó mojando el sobre de azúcar. Ella le quitó importancia y se lo bebió a sorbitos mientras comentaba algo que salía en la tele. Por la calle se encontró con una señora que conocía de cuando ésta vendía en la recova, hablaron un rato hasta que a ambas les empezaron a doler los callos, siguieron cada una su camino. Ya la mañana había corrido lo suficiente como para volver a casa. Como no quería gastar más "perras" fue a la parada a coger la guagua. Conocía al conductor que le tocó, siempre echaban una parrafada antes de sentarse. Dió "una cabezadita" entre las 8 paradas que la separaban de la suya y medio asustada se levantó a tocar el timbre. Bajó algo torpemente, porque las piernas estaban pesadas del rato que llevaba sentada. Ahora le restaba un recorrido de unos quince minutos hasta su piso de la barriada. Tardó casi el doble porque saludó a Carmita que, alongada en la ventana, veía "cómo pasaba el tiempo".
Una vez en el hogar se cambió totalmente para ponerse ropa de "dentrocasa", abrió todas las ventanas y encendió la tele. La miró con ojos adormilados, se dijo: voy a "escabezar un sueñito" antes de comer, qué prisa hay ?.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Sahara



Coincidimos en aquel pozo con una mujer cogiendo agua, la miramos mientras se iba y no me pude resisitir a fotografiarla. Al fondo unos burros nos observan a nosotros.